“Acreedores” o los peligros del coaching

“Acreedores” o los peligros del coaching

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Acreedores-cartel-webComo no sé por dónde empezar, vamos a hablar de coaching.

Creo que cuando se junta una persona pusilánime con un coach con más interés que conocimientos, la imagen gráfica de esta combinación es un titiritero manejando su marioneta. Con este cuadro en la imaginación, os presento Acreedores.

Adolf -nuestra marioneta-, es un artista que no sabe muy bien cuál es el objeto de su arte, ni si lo tiene. Mientras ubica qué quiere hacer desde un punto de vista profesional, espera que vuelva Tekla, una mujer mayor que él con la que comparte una relación marcada por la incertidumbre y los celos.

Para hacer mucho más entretenida su espera (y la función), está Gustaf, un particular coach -nuestro titiritero-, que maneja con destreza, mentiras e ironía los hilos de su muñeco de algodón (un material mucho más blando que la madera, algo que se asemeja más a lo que quiero transmitir).

Con las heridas expuestas, un carácter moldeable, y unos intereses pasionales removiendo el cóctel, tenemos en Acreedores la sesión de coaching más entretenida del panorama teatral madrileño.

acreedores

Con respecto a los actores, vámonos de paseo por el termómetro. Del calor al frío, que está apretando el verano.

Es posible que muchos de los que leéis estas líneas os hayáis sentado frente a Jose Emilio Vera interpretando al capitán de Mario Benedetti en Pedro y el Capitán. A vosotros me dirijo: da más grima su personaje de Acreedores. Se lo coge manía, es un personaje odiable, sin resquicio para la compasión. Un malaje que provoca calor de la rabia.

A quienes no sepáis de qué hablo, tendréis que pasaros por una obra, por la otra, o por las dos. La maldad y sus aristas, un tema para tratar en próximos capítulos. Eso sí, puesta en pie con mucho arte.

Elda García-Posada, además de interpretar el papel femenino, versiona este texto dirigido por Andrés Rus y que pertenece a August Strindberg. En el termómetro la pondría en esos grados de no tengo frío pero de vez en cuando me sorprende un escalofrío imprevisto.

No es un personaje que, desde mi punto de vista, brille por lo que aporta a la tensión psicológica coach-paciente, pero tampoco me congela el ánimo.

El frío, casi polar, me lo provocó Chema Coloma. Navego en el dilema de si la blandura algodonada de la que hablaba antes es propia del personaje o de la interpretación. No tengo respuesta. Me puedo creer al artista lánguido en busca de musas, pero creo que el amante apasionado podría haber sido un títere con algo más de madera.

El autor de la obra era sueco, quizás el frío ártico estaba justificado. O no.

En cualquier caso, la temperatura es un tema muy personal, sobre todo en verano y con aire acondicionado de por medio, así que mejor que dejaros guiar por mi sensación de frío y calor, id a ver Acreedores y ya os aclimatáis a vuestra manera.

O como poco, saldréis pensando en los peligros del coaching, que no está de más.

 

Iduna RuSol

 

 

Written by Ábrete, Sésamo

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