Benja de la Rosa nos invade con preguntas en “Extremo”

Benja de la Rosa nos invade con preguntas en “Extremo”

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Benja de la Rosa escribe y dirige “Extremo”, un trabajo protagonizado por Paco Manzanedo, sobresaliente en su interpretación.

cartel-extremoLápiz de labios rojo intenso, sombra de ojos, base de maquillaje, colorete. Al tocador que nos recibe no le falta de nada. Un espejo inmenso refleja caras expectantes, miradas curiosas; y después, expresiones alucinadas cuando el protagonista de Extremo entra en la sala arrasando con su imponente presencia.

Arriba y abajo, abajo y arriba, daba igual el orden en que mis ojos recorrieran el cuerpo de Paco Manzanedo, el impacto había hecho mella. Tatuajes en un brazo, un Cristo en el pecho, y un cuerpo musculado, contrastaban con unos altísimos tacones de aguja y unas uñas pintadas de rosa chicle. Brutal la imagen con que se presenta, y para que no nos sacudamos el shock  tan pronto, empieza a bailar cual diva de la noche. Estoy atónita y con una sonrisa de admiración, empieza la función.

Paco Manzanedo interpreta a Evan, un transformista que trabaja por la noche sirviendo copas, bailando, sobreviviendo como puede a la soledad. La llegada de Eric (Jaime Reynolds), un joven del pueblo al que protegió de miradas y golpes, parece que le dará a su rutina algo más de brillo, o al menos, traerá conversaciones que le hagan compañía; sin embargo, la agresión de un radical (Pablo Vega) se encargará de desmoronar este castillo de cartón en el que vivía tranquilo y resignado, poniendo al protagonista y al público ante una situación extrema.

Benja de la Rosa escribe y dirige Extremo, una obra que plantea distintas preguntas en torno a la homofobia, un drama real, por incomprensible que parezca hoy en día, y que te obliga a intentar descubrir qué pasa por la mente de un ser humano que odia a otro sólo por su orientación sexual, por sentirse mujer y tener un cuerpo que no corresponde -o viceversa-, o simplemente por andar sobre unos tacones siendo un hombre. Extremo indaga, sin terminar de ofrecer respuestas, en el origen del odio, en la posibilidad de que la sociedad y la justicia sigan menospreciando a una minoría no tan normalizada.

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Las interpretaciones, desde mi punto de vista, son muy dispares. Manzanedo tiene un papel brutal, sorprende desde el momento en que entra a la sala y se retoca el pintalabios, hasta que tiene que tomar una decisión crucial en los últimos minutos de la obra. De principio a fin es quien tuvo toda mi atención y mi empatía. El gesto de dolor, de pena, que transmitía con los ojos y las lágrimas contenidas y derramadas, encerraba tanta verdad, que hubo un momento en que sentí físicamente su soledad y su rabia.
Frente a esta actuación tan real, donde cada emoción se podía tocar, está el papel de Jaime Reinolds, un joven que acaba de llegar a la gran ciudad, y se encuentra abrumado, impaciente por descubrir nuevas posiblidades. O eso debería haberme llegado, pero no lo hizo. No sé si el personaje que crea Benja de la Rosa debe ser insulso, gris, poco determinante; o fue la interpretación la que a mi no me aportó nada especial, y tampoco supe ver el peso de su texto para la historia. El momento en que más esperaba de Eric, éste se desinfló con un mensaje que bien podría firmar de Paulo Coelho, es decir, muy bonito, teóricamente digno, pero que se evaporó según lo pronunció, por el poco realismo de la idea, y eclipsado por el batín de seda de su compañero de escena.

Entre una interpretacion y otra, el término medio estaba en el personaje de Pablo Vega, un agresor que al principio asusta, genera miedo tangible, pero después se fue evaporando hasta resultarme un muchacho rabioso del que hubiera explotado más su drama. Me quedé con ganas de saber más acerca de sus porqués, un cara a cara entre agresor y agredido, que el mensaje se mascara por las acciones y no por el “monólogo” del personaje más inocente de los tres.

Esta disparidad que marca las actuaciones no me parece algo negativo, al contrario, sigo teniendo dudas sobre si es algo forzado, porque encumbra a Paco Manzanedo, y te hace vivir su historia obviando todo lo demás. Extremo baja el telón y tu continúas con preguntas que fluyen, que han quedado en el aire, que no está de más responder para uno mismo. Y al mismo tiempo, te llevas a casa el puñetazo metafórico que supone ver a un actor como él calzando unos tacones que en mi vida conseguiría llevar en equilibrio, y esa expresión de sufrimiento y rencor que para mí es la joya de este montaje.

Extremo, de Benja de la Rosa

Miércoles y sábados a las 22h en La Casa de la Portera

Entradas

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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