Conversación con Luna Paredes, una tarde de complicidad y teatro

Conversación con Luna Paredes, una tarde de complicidad y teatro

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La actriz Luna Paredes, a quien disfrutamos en “Fuente Ovejuna. Ensayo desde la violencia” compartió con Ábrete Sésamo una conversación sobre teatro cargada de gestos cómplices, y esta es la crónica reducida de ese encuentro especial.

fuenteovejunaEstoy algo cansada de ver siempre las mismas caras en las series de televisión, en los escenarios de teatros “grandes”, en las portadas de distintas publicaciones, o incluso en el calendario que regala la revista BRAVO. Según me acerco a quienes viven entre bambalinas, me provoca más rabia el difícil acceso de profesionales desconocidos a la palestra de proyectos públicos y con un respaldo económico potente. No sé si fue este enfado el que provocó la elección de la entrevistada, o que siento un espontánea complicidad con ella, pero el hecho es que me apetecía charlar y coger de la mano a Luna Paredes, actriz en la versión de Fuente Ovejuna que realiza la compañía AlmaViva,  una propuesta igual de valiente y apasionada que ella.

Luna siempre quiso ser actriz, y supo aprovechar el consejo de su mentor, Ernesto Filardi, que le recomendó formarse en La Lavandería, cuna de la mayor parte del equipo “fuenteovejuno”, porque allí se cruzaron los caminos de César Barló, director de AlmaViva, y los pasos de Sergio Torres, Alberto Gómez y Juan Carlos Arráez, el bando masculino de la obra.

Monologo_Laurencia

Fuente Ovejuna. Ensayo desde la violencia retrasó el viaje que planeaba a Buenos Aires para recabar información sobre Daniel Veronese, pero es que César llegó con este proyecto en mano, y aunque Luna no es especialista en teatro gestual, es un clásico de Lope de Vega reinventado de un modo tan especial, que tenía que participar.

El texto que ahora podéis disfrutar en La Puerta Estrecha cambia con las problemáticas de la sociedad, los monólogos te zarandean con nuevos gritos cada cierto tiempo, así que a pesar de los años que llegan girando con este trabajo, es imposible que se acostumbren o relajen frente a el. Tampoco tienen marcas a la hora de ensayar -excepto un par de momentos- así que entre todos crean algo distinto en cada ensayo, y el resultado depende de ellos, del momento, de cómo se muevan en ese instante, de cómo sientan lo que dicen. Este montaje de AlmaViva es duro, por lo que cuenta y por cómo lo hace, y a pesar de todas las dificultades que pueden estar vinculadas a Fuente Ovejuna, me sorprende lo que Luna destaca cuando le pregunto qué es para ella lo más complicado:me cuesta ir a la función con informacion en la cabeza sobre violaciones, ablaciones, torturas. Cuando he leido una noticia así, voy con ello dentro, y me cuesta”. Esa sensibilidad ante lo que queda fuera del teatro, se cuela en la voz y el cuerpo de Laurencia, su personaje, y como espectador se agradece ver que no recita, sino que trasmite con la piel lo su papel le exige, manchado con emociones reales, sin que eso robe un ápice de profesionalidad a lo que vemos.

luna paredesHablamos de Lope de Vega, de los clásicos, y de cómo (no) se apuesta por ellos en nuestro país. Y sí, otra vez perdemos frente a Inglaterra, por ejemplo, que tiene cientos de versiones diferentes de las obras de Shakespeare, o México, donde la misma Fuente Ovejuna ha sido interpretada por un elenco sólo de mujeres, o con aires de ritual. Luna hablaba de necesidad de cambio, de lanzarse a probar nuevas vías, experimentar con nuestros textos clásicos, jugar con ellos, darles vida. “En España somos muy puristas”, dice, mientras las dos asentimos con cierta resignación.

Después de sacar este tema, es inevitable hacer comparaciones (en esta ocasión también son odiosas, como advierte el refrán). El equipo de AlmaViva viajó al país azteca para participar con tres funciones de Fuente Ovejuna. Ensayo desde la violencia dentro un festival alternativo. El público no sólo les aplaudió después de ver cómo se dejaban cuerpo y emoción en el “cuadrilátero”, si no que les tuvieron 1 hora haciéndose fotos con ellos, igual que si sus nombres aparecieran en las series de prime time. ¿Cuándo hemos tratado así a nuestros actores de teatro indepedente? Nunca, y eso refleja sólo un poco de cómo se entiende el teatro en otros países: con respeto, admiración, agradecimiento.

Fotografía de Julio Martínez

Fotografía de Julio Martínez

El año pasado Luna Paredes por fin viajó a la capital de Argentina para investigar sobre Daniel Veronese, eje de la tesis de su doctorado. En Buenos Aires encontró un apoyo institucional que dista tanto del que tenemos aquí, que parecía ciencia ficción. Entradas al teatro público por 5 euros, conferencias sobre teatro, o ferias de libro teatral, sólo por citar algo de lo mencionado.

Llega el turno de las reflexiones sobre el mundo de la interpretación, y aquí, Luna hace autocrítica. “No nos vamos a quitar en mucho tiempo la imagen de maleantes y vagos en el teatro; y es responsabilidad del público y también de nosotros. […] Los teatreros somo una especie insoportable, somos muy pesados con nuestra profesión, y el teatro no es la vida”. Es SU vida, pero Luna reconoce que es importante saber que fuera de los ecenarios hay probemas, y gente para la que el 21% de IVA cultural no es el mayor drama al que se enfrenta. Para mantener los pies en la tierra, receta relacionarse con personas que no se dediquen a la actuación, que sirvan de válvula de escape de ese bucle actoral que gira en torno a los mismos problemas.

Antonio Velasco (Teatro de Poniente) y Fernando de Retes (Cuarto y Mitad Teatro) en "Don Quijote: La historia secreta".

Antonio Velasco (Teatro de Poniente) y Fernando de Retes (Cuarto y Mitad Teatro) en “Don Quijote: La historia secreta”.

Otro de los momentos en que Luna Paredes me hace sonreír, porque no consigo disimular lo mucho que estoy de acuerdo, es cuando afirma que “las pequeñas compañías nacen con gente en la que confías, y nada más”, y pasa a enumerar con quien desearía trabajar alguna vez, citando nombres que idolatro -muerte a la objetividad en este intante- como Cuarto y Mitad, Teatro de Poniente, Fran Calvo, José Padilla, o Mamen Camacho. Sus motivos, los mismos que yo daría al hablar de su sincera y bonita manera de trabajar: “aman el teatro, se divierten, no hay egos grandes”.

Luna Paredes se ha curtido como creo que debería hacerlo todo buen cómico: de aquí para allá, maleta en mano y empapándose de lo que regala cada escenario. Participó junto a Ernesto Filardi en una de esas rarezas que de repente brinda el Ministerio de Cultura, y que se llamaba -parece que este contando un cuento- La Huella de la Barraca, que rescataba texto clásicos desconocidos que recorrían las universidades acercando el buen teatro de antaño; en el caso de Luna, la voz se la concedieron a La Niña de Plata, que también visitó colegios, donde reside el público más sincero de todos: los niños.

Toda entrevista, por muy informal que sea, termina con los proyectos inminentes del protagonista, y esta vez hay algunos que pueden contarse, y otros que guardo con chispitas en los ojos. Entre los primeros está la vuelta de Historia de España en 70 minutos, que ahora dirigirá Nacho Marraco. También vuelve un trabajo que tengo muchas ganas de ver, Amor Fou, dirigido por Iria Márquez, y que trabaja sobre los versos de Luis Alberto de Cuenca.

Para terminar con la entrevista publicable, nos vamos con las recomendaciones culturales de Luna Paredes, que, al hablar de literatra, se lanza sin dudar a mencionar El váter de Onetti, de Juan Tallón, periodista gallego al que nos invita a leer siempre que podamos.

Como-si-pasara-un-trenLa lista de obras de teatro que menciona tiene varios montajes de los que hemos disfrutado ya en Ábrete Sésamo, como Pedro y el capitán (Off de La Latina), Como si pasara un tren (Teatro Español), No se puede mirar (Off de La Latina) o cualquiera de los trabajos de la compañía Venezia Teatro. Entre los trabajos desconocidos para nosotros, y que anotamos en la lista de pendientes están: Banqueros vs Zombies, una propuesta valiente que podemos ver en el Teatro Galileo, o Tétrada, un gran texto defendido por un potente elenco que aguarda en La Puerta Estrecha. No diréis que no tenéis opciones entre las que elegir…

No sé en qué momento el té dejó paso a la cerveza -porque cada conversación necesita de una bebida específica- pero es alguien con quien siempre habrá algo que intercambiar, con la que podría haber seguido horas hablando con la grabadora apagada.

A veces uno tiene suerte y se cruza sin buscarlo con gente especial. Sientes que hay una complicidad, un hilo que tira para que no te vayas lejos de su lado porque tiene algo que enseñarte, una sensibilidad que reconoce su mismo vibrar en el otro. Esto es lo que me pasa con Luna Paredes, y espero, que de alguna manera, lo hayáis sentido, y como mínimo, ese hilo del que os hablo, os arrastre a sentaros en cualquiera de las butacas frente a las que cuenta historias con la voz, el cuerpo, y una pasión teatrera tan bonita, que atrapa. Quien trabaja con las emociones, o las siente de verdad, o no te llega. Quizás haya técnicas que acerquen mucho lo fingido a lo real, pero creo que cada vez soy más susceptible a notarlo. Por eso necesito conocer profesionales como ella, que irradian verdad y la comparten.

*** Hasta el 27 de marzo podéis ver a Luna Paredes interpretando a Laurencia en Fuente Ovejuna. Ensayo desde la violencia, de la compañía AlmaViva, los jueves y viernes a las 20:30 en La Puerta Estrecha.

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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