“Crónicas de El Sodoma”: confesiones con sabor a tabaco y vino

“Crónicas de El Sodoma”: confesiones con sabor a tabaco y vino

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Las “Crónicas de El Sodoma” nos reciben bajo un cartel escrito a mano, tras una puerta donde tres historias buscan sentirse vivas entre la opresión de fuera, y las copas de vino de dentro.

Cronicas de el sodomaAño 1971. La poesía rebelde, la que gritaba a los fusiles, la roja, como quieren pintarla algunos, nos recibe y nos despide.
Una puerta cualquiera en el Barrio Chino de Salamanca, nos atrae con una incitación pecaminosa:  “El Sodoma”. Allí puede haber de todo. Y lo hay. Entre humo de cigarros, alcohol y lágrimas, se destapan, entre cuplés y óperas, las historias de tres seres que escapan, desde la oscuridad de aquel bar, para no dejarse pisar nunca más.

Javier nos recibe con la revolución de mayo del 68 brillando en cada sílaba, y un ansia de libertad inmune a las circunstancias que discurren tras la puerta. Simón, Simoncillo. Ni hablar le hubiera hecho falta para que el público le brindara sus manos. Una copa de vino insaciable y el humo expulsado con el estilo de las más deseadas actrices de Hollywood. Maricón y rojo, con orgullo y devoción, como su idolatrado Miguel de Molina. Y Rosa. Ella es la que manda. Allí los clientes no eligen, lo hacen sus chicas, sus niñas. Es la madre, la amiga, la reina de Sodoma. Artista vocacional con nombre de flor, elegancia y rotundidad que ocultan la huída que nunca debió empezar.

Teatro de Poniente es la magia de los textos de Mon Hermosa. Uno no sería nada sin lo otro. Y aquí, viendo las palabras del dramaturgo dirigidas por Ester González, y cobrando vida en el cuerpo de la compañía Cour Teatro, una se siente extraña ante esa familiaridad que le despierta un rostro desconocido, del que lo sabe casi todo.

Mon Hermosa CrónicasLos actores Julia Santos, Francisco Mariezcurrena y Santi Grech, hicieron suyas unas historias duras, sutiles, que si no te las llevas hacia dentro, no provocan ni la mitad de suspiros que se escuchaban en la sala. Simón no era como el que yo conocía, pero era tan auténtico, que no me di cuenta hasta que terminó la función. Allí estaba él, hablando, cantando, evocando con la ira aburrida en los ojos. Rosa. Tremendo final el de Rosa. Donde se rev(b)ela, con v y con b. Porque nos descubre quién es, y porqué se niega a caer. Y Javier, de apariencia fácil y espíritu convulso. Tres historias que se ceden espacio de manera perfectamente compasada, con los silencios propios de una conversación improvisada, que ha encontrado su momento, su lugar; y que sin la conversión absoluta de los actores, hubieran quedado en papeles tirados.

En El Sodoma hubo una reunión que tenía algo de ilegal, de confidente, de terapia. Rosa, Javier, Simón, te hacen partícipe de sus sueños y frustraciones, de sus risas, lagrimas y recuerdos; que al final, su mezcla es la que te hace ser quien eres. Y entre una vida y otra, un aspirar de cigarro que más que el humo tragaba penas.

La compañía Cour Teatro se impregna por completo de la magia de Poniente, de Mon Hermosa, de esas líneas que quienes las admiramos, las reconocemos allá donde suenen. Y en El Sodoma suenan, y se tocan, y se lloran.

  • Cortometraje Simón, raíz de una de las historias compartidas tras aquella puerta cualquiera del Barrio Chino de Salamanca.

Crónicas de El Sodoma, de Cour Teatro

Domingos de febrero a las 19h en la Sala TÚ

ENTRADAS

 

Iduna Ruiz de Martín 

Written by Ábrete, Sésamo

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