“Desnudas”, belleza y honestidad en La Puerta de al Lado

“Desnudas”, belleza y honestidad en La Puerta de al Lado

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Alberto Velasco escribe y dirige “Desnudas”, una preciosa obra que se convierte en suprema gracias a las interpretaciones de Rosalinda Galán, Karmen Garay, y Begoña Mecías.

desnudasDesnudas. Este es el título de la obra que iba a ver en La Puerta de al Lado. Sabía que en unos minutos tres mujeres abrirían sus corazones para explicar su forma de amar; pero no intuía el placentero desconcierto en el que la escenografía de Alberto Velasco iba a sumirme desde el primer segundo. El suelo estaba plagado de papeles abandonados. No papeles procedentes de comida o desperdicios; sino letras, palabras, cartas, que una vez tuvieron dueño, sentido, y un mensaje que dar. Ahora, una multitud de recuerdos y conversaciones escritas servían de alfombra a estas tres abrumadoras historias.

Las tres mujeres protagonistas se presentan con frases que sin esperarlo, te golpean el subconsciente. “Soy una yonqui del amor”, “Nunca supe qué quería ser pero sabía qué quería no ser”, “Me perdono por no haberme querido, por haberme sentido inferior a todos”. De momento, cuando aún no se ha iniciado el incesante juego de luces, poético y evocador, ya tienes el estómago contraído.

La primera en ir poniendo sobre el tapiz de recuerdos imborrables sus vivencias es Rosalinda Galán, que amó sin escuchar consejos, perdida en unos ojos claros que la confundían entre unas palabras que decían “Te quiero” y unos golpes que mutilaban su autoestima. Begoña Mencía ama sin control, con excesiva entrega, sin pensar en nadie más. Se olvidó de quererse a ella misma antes que a nadie, y él tomó la rienda de sus sueños y decisiones. Karmen Garay, se alimenta de tiempos pasados al mismo tiempo que neutraliza su ansiedad comiendo de forma eufórica y descontrolada. Se autoflagela por sentirse incapaz de amar como la primera vez, por no tener ganas de hacerlo, y por verse sólo como “la gorda”.

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Estas tres mujeres se van uniendo y separando a través de la arrolladora voz en directo de Rosalinda Galán, que aunque quisieras controlar el llanto –algo tremendamente complicado, ya lo aviso- ella te lo arranca, con permiso, o sin el. Canta su drama y el de sus compañeras de corazón curtido. En los silencios que brotaban cuando aquellas mujeres Desnudas vaciaban su alma, no me sorprendió escuchar el reconocible murmullo de gargantas luchando contra un nudo que aflora, o lágrimas empáticas. Tampoco me pilló de sorpresa el sabor salado de mis propias emociones.

Eduardo del Val, al teclado, observaba embelesado como si fuera la primera vez que escucha la voz de aquellas mujeres; y de las partituras que colgaban de una cuerda, sostenidas por pinzas, sacaba las melodías que acompañaban la potente voz de la actriz. Alberto Velasco no escatima en elementos que lleven al espectador hasta lo más profundo de aquellas experiencias dolorosas, y para ello se inventa un juego de luces que cambia de color el escenario al son del relato; o prepara una tarta que lleva como ingredientes el rencor, la frustración, y la rabia, eso sí, pasados por la batidora.

desnudasEstas tres supervivientes emocionales, se desnudan como nunca antes había visto. Desde sus cuerpos, hasta sus miedos; las vemos Desnudas, saltando la barrera de la vergüenza, de contar porqué sufren, y de mostrar sus heridas. Tres historias brutales, cada una con sus argumentos para desmoronarte, cada una con lazos para empatizar con el público, es inevitable. Pero a pesar de lo que pueda parecer, Desnudas contiene un mensaje positivo oculto en aquellas tres bellas y duras realidades. Todas agradecen, después de todo, haber superado lo que les ha tocado vivir, porque la vida es un constante aprendizaje, y lo importante es el mensaje final que cantan, abrazadas, sonrientes: son mujeres valientes, que se quieren a sí mismas, que han vencido. Y todo lo demás, son recuerdos que pisar, como las hojas cargadas de palabras que inundan el suelo.

Nunca había disfrutado del trabajo de Alberto Velasco, ni como actor, ni como director, pero como presentación no podía haber visto una historia mejor, por su belleza, la honestidad, la dureza, y la dulzura con que habla del drama de amar mal, de equivocarse en las dosis de entrega hacia otros. El texto es pura poesía, y sales del pequeño escenario de La Puerta de al Lado con las emociones revueltas, con las mejillas saladas, pero con la satisfacción de haber visto, en mi caso, una de las mejores obras de teatro de mi vida.

Logo1 La Puerta de al Lado

Desnudas, de Alberto Velasco

La Puerta de al Lado (calle Olivar, 13)

Lunes a las 20 y 21.30h,  Miércoles a las 21h, y domingos a la 19 y 20.30h.

Entradas

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

2 Comments

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