“El burlador de Sevilla”, pugna entre la carne y la poesía visual

“El burlador de Sevilla”, pugna entre la carne y la poesía visual

0 votes

Darío Facal dirige una versión de “El burlador de Sevilla” que inunda el Teatro Español de testosterona y modernos efectos visuales.

"burlador de sevilla"13 sobre el escenario. En el rincón más próximo al expectante público, dos cuerpos desnudos y un orgasmo. Una pequeña cámara nos trasmite el placer en pantalla grande. “Esto va a ser rompedor”, pensé. Pero no.

El burlador de Sevilla de Darío Facal es una propuesta diferente en muchos aspectos, pero a la que le falta la garra que yo esperaba me arañara, me incomodara, que me hiciera removerme ligeramente escandalizada. A estas alturas de la vida, ver un par de mingas (soy una incondicional de este sinónimo de pene, necesitaba usarlo), solo genera incomodad estética, si acaso.

El Teatro Español produce esta apuesta visualmente poética, moderna, con un ligero toque cinematográfico, y con mucha carne al aire. Hay escenas de gran belleza, que te mecen entre el cuento, el mito, la poesía, y el deseo; y que concentran la fuerza de la propuesta, que para mí reside en los momentos más sutiles, aunque el revuelo lo forme el lado más carnal y evidente.

burlador de sevillaEn pocas ocasiones se ralentizó mi parpadeo, y ninguna de ellas fue para contar los músculos que podíamos adivinar desde cualquier distancia. Más que al Don Juan descamisado, sucumbí a las velas que rompieron la oscuridad del escenario describiendo una noche de cacería sexual, o al juicio donde el baile quieto de los actores grita más alto que el rugido de unos micrófonos de mano a los que desprecié desde el primer segundo.

Otro detalle que disfruté, y que desconozco si fue a propósito, es el juego que para mí supuso encontrar como Rey a Emilio Gavira, un actor que si siguiéramos los patrones estéticos de la época original del texto, hubiera tenido que hacer de bufón. Su papel a lo largo de la función, ya sea dictando sentencia o bailando con tacones y corsé, lo aplaudí con ganas.

burladorsevilla_Darío Facal juega con el morbo que pueden despertar esos cuerpos de Apolos y Afroditas, más que con el erotismo, escondido en lo que se oculta y sugiere, y no en lo que se muestra. Mirad la foto del elenco. ¿Ya? No tengo intención de quejarme del festín visual copado de cuerpos esculturales; pero iba al teatro, no a la pasarela. Tampoco me voy a quejar de la interpretación del mujeriego Álex García, y de sus víctimas Marta Nieto, Manuela Vellés, Alejandra Onieva, y Judith Diakhate. Considero que la propuesta escénica es difícil -aunque lo sería más si tuvieran cuerpos menos deseables, pero esto es otro debate-, y declamar en verso para mi es complicadísimo, pero no me sobrecogieron con su emoción, el lenguaje de sus rostros, o su voz. La intención creo que no era esa, así que no les culpo.

En cualquier caso, el Don Juan que propone Facal, su personalidad, me ha parecido muy acertada. Cada Tenorio que he visto me ha provocado una polémica interna, me he puesto en su lugar, he sentido lástima, he indagado en sus motivos, en su pena; pero el crápula de Álex García es un verdadero despredador, sin compasiones ni más motivación que la hormonal. Queda exento de mi comprensión, y se ganó todo mi desprecio, y eso es innovador. Uno de los personajes más universales y atemporales de la literatura española, se hace perfectamente reconocible, igual que Isabela, Tisbea, Ana de Ulloa, o Aminta; al fin y al cabo, el cuerpo, la labia y la barba seductora es lo que ahora triunfa, ¿no?


El burlador de Sevilla, dirigida por Darío Facal

Ficha técnica y artística

De martes a domingo en el Teatro Español

Entradas

 

Iduna Ruiz de Martín

 

 

Written by Ábrete, Sésamo

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *