Elvira Lindo y la emoción de leer

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Fachada de la librería Méndez en la calle mayor al llegar a la presentación.

Llegué a Madrid a eso de las seis de la tarde. Pasé por el fortificado congreso de los diputados como si fuera la edad media, miré de refilón el cartel del teatro Victoria, tropecé con una señora que salía del café del príncipe, cruce una electrizante puerta del sol que más bien parecía un puchero hirviendo, merendé con la mirada las bambas de nata de la mallorquina y por fin llegué a la librería Méndez donde se celebraba la presentación del nuevo libro de Elvira Lindo, “Mejor Manolo” (Seix Barral). Fui de los primeros en llegar y tuve la suerte de ponerme en primera fila. Y digo que tuve suerte porque cuando dieron las siete ya no se veían libros, sino personas, como diría mi madre: no cabía ni un alfiler. Algunos de ustedes seguirán pensando que Manolito Gafotas es un libro de literatura infantil, pero de todos los que estábamos allí ninguno éramos niños. Manuel Rodríguez Rivero fue el conductor de la velada que dio pie a una charla divertida y amena.

Y así comenzaron a hablar de las dotes artísticas de la Chirli, convertida en toda una Diva; el talento asombroso del Imbécil para manejar las redes sociales; la inocencia de Manolo para contar todas las cosas que suceden a su alrededor… Al crecer, diez años para nosotros y dos en los libros, se permite licencias que agudizan más el humor y lo convierte en una novela alejada de una colección infantil.

Un stand repleto de “Manolos”.

Y ahí seguía yo, perdido entre las palabras de Elvira Lindo, siempre identificado con sus pensamientos y llevándolos a mí terreno como si el que hablara fuera yo. Pero claro, en esos momentos de emoción contenida soy incapaz de articular palabra y cuando nos dieron la oportunidad de hacer alguna pregunta yo me quedé en blanco como cuando hacía los exámenes de matemáticas. Entonces recordé la frase con la que Elvira Lindo empezó la presentación: “Hay dos tipos de escritores; los que saben escribir desde que nacen, y los que aprenden a escribir escribiendo”. Pues bien, yo tengo doble tarea; aprender a escribir escribiendo, y aprender a hablar hablando.

Elvira Lindo: “No tengo que pedir perdón por haber hecho cosas populares”.

Elvira Lindo reivindicó a los periódicos mayor entusiasmo y emoción a la hora de hablar de los libros. Transmitir esa inquietud a los lectores, o “no lectores”, es fundamental para contagiar a la gente esa ilusión que se ha perdido. A mí me sobra emoción, por eso quiero trasmitir a todos esos lectores lo mismo que reivindicaba Elvira Lindo en la presentación. Emoción por leer, por imaginar o con soñar que un día coges un micrófono como la Chirli y te conviertes en una nueva Lady Gaga.

Al salir de la librería con mi libro firmado Madrid se había calmado, ya no era ese puchero hirviendo, quizás seguía igual o era yo el que había cambiado, pero me invadía una sensación de serenidad que me invitó a pasear por la ciudad como si caminara por las nubes con mi libro debajo del brazo.

Jerónimo Carmona Garzón

Written by Ábrete, Sésamo

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