“La Ciudad Invisible”, el lugar de reunión de los trotamundos

“La Ciudad Invisible”, el lugar de reunión de los trotamundos

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Dibujo de BoaMistura en la escalera de “La Ciudad Invisible”

Hora del desayuno. Madrid empieza a despertar, y sólo los turistas que invaden las calles cámara en mano parecen no ser conscientes de que casi ningún bar está abierto. Dejo atrás a las loteras de La Mallorquina, que saben que el suyo será el número que ganará el Gordo de Navidad; sorteo casi una decena de hombres y mujeres de chalecos amarillos que incitan a retornar al oro como moneda de cambio, y espero a que camiones con las provisiones de tabernas, cafeterías, y restaurantes, desalojen las callen y poder pasar.

Todo es demasiado normal, hasta que llego a mi destino: “La Ciudad Invisible”. Este rincón que se autodenomina café-librería de viajes, permanece oculto a los ojos de la rutina. Se sitúa en pleno centro de la capital, a cinco minutos de la céntrica Puerta del Sol, pero con las puertas abiertas para volar muy lejos…

Una de las estanterías está coronada por un cartel que reza “Lee, Viaja, Sueña. Disfruta el momento”, y mientras afirmas con la cabeza y la mente decides si te quedas en la planta a pie de calle, o prefieres ir a la planta baja, que no pierde encanto por esconderse de la luz solar.

ciudad invisibleLa mesa principal, con espacio para más de ocho viajeros, es perfecta para desplegar mapas y trazar rutas a partir de las guías que inundan las paredes de esta cafetería viajera. Los sillones de los rincones invitan a relajarse y dar la vuelta al mundo con más de 80 libros. Las mesitas de la planta baja, los cuadros que decoran las paredes, las pinturas coloridas en torno a la escalera, la mano maestra de Boamistura y Triscaideca, o incluso la barra desde la atienden y aconsejan; todo guarda el encanto y la hospitalidad de los buenos viajeros.

En “La Ciudad Invisible” puedes aprovechar el café o copa entre amigos, el picoteo o la cena, para iniciar una charla que derive en un buen viaje que recordar. Hay libros y guías para consultar y comprar, conexión WiFi gratuita, y la posibilidad de encontrar a otros trotamundos que pueden ayudarte con sus anécdotas, experiencias de viaje, y fotografías personales.

ciudad invisibleUn punto de encuentro para viajeros incansables, para los indecisos que quieren empaparse de vivencias ajenas y escoger destino, y para disfrutar en soledad o compañía de los misterios y curiosidades que esconden las estanterías atestadas de ciudades, países, y rincones aún por descubrir.

EncontrarásLa Ciudad Invisible en la calle Costanilla de los Ángeles 7, Madrid. Las paradas de Metro más cercanas son Ópera (L2 y L5) y Callao (L3 y L5). Está abierto todos los días salvo el lunes; de martes a jueves de 11h a 00h; viernes de 11h a 2:30h; sábado de 12h a 2:30h y domingos de 12h a 00h. Para conocer mejor esta cafetería, visita su espacio en facebook y twitter.

Iduna Ruiz de Martín Esteban

Written by Ábrete, Sésamo

2 Comments

  1. Pingback: “Ábrete, Sésamo” se va de vacaciones… | Ábrete, Sésamo

  2. untrozodecarton

    Siempre que paso por allí delante me acuerdo de Las ciudades invisibles, de Calvino. Y la historia de Ersilia vuelve a ponerme los pelos de punta. Os la dejo aquí. Es una de esas cosas que merece la pena leer y pensar en la vida:

    En Ersilia, para establecer las relaciones que rigen la vida de la ciudad, los
    habitantes tienden hilos entre los ángulos de las casas, blancos o negros o grises o
    blanquinegros según indiquen relaciones de parentesco, intercambio, autoridad,
    representación. Cuando los hilos son tantos que ya no se puede pasar entre medio,
    los habitantes se van: se desmontan las casas; quedan sólo los hilos y los soportes de los hilos.
    Desde la ladera de un monte, acampados con sus trastos, los prófugos de
    Ersilia miran la maraña de los hilos tendidos y los palos que se levantan en la llanura.
    Y aquello es todavía la ciudad de Ersilia, y ellos no son nada.
    Vuelven a edificar Ersilia en otra parte. Tejen con los hilos una figura similar
    que quisieran más complicada y al mismo tiempo más regular que la otra. Después la abandonan y se trasladan aún más lejos con sus casas.
    Viajando así por el territorio de Ersilia encuentras las ruinas de las ciudades
    abandonadas, sin los muros que no duran, sin los huesos de los muertos que el
    viento hace rodar: telarañas de relaciones intrincadas que buscan una forma.

    Gracias por recordarme que las cosas a veces son como bolas de hilo que puede llevarse el viento.

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