“La isla de los esclavos”, el ajedrez de Venezia Teatro

“La isla de los esclavos”, el ajedrez de Venezia Teatro

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Juegas de blanco o de negro. No hay más opción. ¿Pero qué sucede cuando cambian las normas de la partida? La isla de los esclavos, una obra dirigida por José Gómez, lanza esta pregunta desde el escenario de Nave 73 .

isla de los esclavosEra julio, por la mañana, y todos estábamos descalzos. Desde aquel día en que nos sentamos en la alfombra sobre la que se ensayaba Los desvaríos del veraneo, no habíamos vuelto a cruzarnos con el equipo de Venezia Teatro. Esta vez, la pugna por la libertad y la ética con que debe manejarse este derecho universal, nos reunía- con zapatos, en mi caso- frente a un escenario diferente.

Ifícrates y Eufrosina, señores de la alta sociedad de Atenas, naufragan junto a sus esclavos, Cleantis y Arlequín, en una misteriosa isla. Allí les recibe un enigmático personaje que les comunica lo que ya sospechaban: han llegado a la Isla de los Esclavos, donde las leyes exigen un cambio de roles, y quienes antes agachaban la cabeza ante las órdenes, ahora deberán ejercer como amos. Si los antiguos señores reconocen y superan su tiranía pasada, conseguirán recuperar su libertad; sin embargo, no son los únicos que deberán aprender a superar el rencor o soberbia adjuntos a su prefijado destino.

la isla de lso esclavos venezia teatro

La isla de los esclavos es una obra escrita por el dramaturgo francés Pierre de Marivaux en 1725, quien me ha ganado sólo por esos guiños al género teatral que miro con más cariño: la Commedia dell’ Arte. Quienes como yo aún tengáis que aprender mucho del teatro clásico, podéis percibir el aire titiritero de Italia en pequeños detalles como los nombres de los personajes, algún desliz acróbata, o distintas situaciones de la trama. Quienes, por suerte, tengáis mucho más que decir y observar del clásico, habréis gozado con instantes que yo por desconocimiento me habré perdido.

José Gómez, director de la compañía Venezia Teatro, recupera, con delicadeza y cercanía, este texto al que ha añadido nuevas escenas para terminar de trasladar la interesante historia ante los ojos de un espectador de ahora, pero sin perder la esencia del momento original en que se escribió la obra.  En esta ocasión se vuelve a arropar por un elenco que sólo conocía fuera de los escenarios, pero que ha conseguido que la espera merezca la pena.

venezia teatroBorja Luna y Ana Mayo interpretan a los esclavos reconvertidos en amos. Dos personalidades muy distintas, tan bien perfiladas, que quieres más tiempo y concentración para apreciar todos sus matices. Él, divertido, más travieso que malicioso, termina demostrando ser el más sensato de todos los “jugadores”. Ella, interpreta un monólogo frente al público donde brilla su expresividad -algo que también domina su compañero de casta- y estoy segura que sin escucharla, sólo leyendo su rostro, hubiera podido entender el mensaje de este personaje orgulloso e inteligente, con un difícil dilema que resolver.

Con el rictus serio por la pérdida de autoridad tenemos a Iris Díaz y Antonio Lafuente, contenidos por los modales que impone su clase social, pero no por ello menos intensos que sus compañeros de cuadrilátero bicolor. Ambos deslumbran por la capacidad de transmitir la evolución de sus personajes por cambios como la seguridad en sus andares, o la fuerza que destilan unas miradas obligadas a disculparse.

Y mediando entre el negro de la servidumbre y el blanco de los poderosos, el gris de Javier Lago interpretando a Trivelín, el “legislador” de la isla, que con voz grave y aires confiados, parece manejar los hilos de las cuatro marionetas que desembocan en su particular república.

Con un contraste entre blanco y negro, y un eje central iluminado, la escenografía, que recuerda un tablero de ajedrez,  sostiene las cinco figuras que se mueven en busca de una ética que eduque el poder del que todos han bebido. Al estallar los aplausos al final de la función,  la mirada vuelve al mismo punto que la atrajo antes de que los actores entraran en escena: el hipnótico suelo. Ahi, sigiloso pero magnético, recibe el sonido de las alabanzas, listo para volver a ejercer de campo de batalla en el siguiente naufragio.

La isla de los esclavos, de Venezia Teatro

Domingos de enero (19h) y viernes de febrero (20.30h) en Nave 73

Equipo técnico y artístico.

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Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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