La Maga de Rayuela andaba buscando Bosques de Luz…

La Maga de Rayuela andaba buscando Bosques de Luz…

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Central Solar, de Jose Manuel Ballester

“Central Solar”, de José Manuel Ballester

He visto cosas que vosotros no creeríais… He visto edificios desnudos abrigarse con miradas artísticas. He visto describir tejados con un ojo panorámico y burlar espacios que creíais vacíos. Momentos exactos en los que la posibilidad de la ausencia, el salirse del plano, el circular por la estética del espacio arquitectónico –sin más compañía que el cemento puro y duro– hace escala en mi banco de imágenes.

Aquella noche lo hablábamos con toda la calma y el gusto de disponer de un largo fin de semana. Ella gesticulaba su discurso entusiasmada por el proyecto que acababa de desarrollar para el 50 aniversario de Rayuela, vibrante mundo creado por Julio Cortázar. Y yo, sacudida aún por la visita a la exposición, le ofrecía las claves de ese mecanismo por el cual, una fotografía es capaz de secuestrar nuestra rebelde atención. Me gustaba la sensación de aquel bar con cuatro despistados –nosotros– en una noche demasiado fría conquistada por una buena conversación. El nombre de José Manuel Ballester no tardó en aparecer. Ella no había visto la retrospectiva de la que yo le hablaba, ni siquiera había visitado hasta el momento el edificio de la Antigua Fábrica de Tabacos –espacio que recoge el magnífico lenguaje plástico del fotógrafo–, pero estaba segura de que no tardaría en ponerle día al encuentro. Solo había que subir por la calle Embajadores y cruzar el umbral que oxigena una tráquea de claroscuros. Hormigón, inmensidad, tejado de uralita con la mirada acechante de esas bombillas que olisquean las impresiones de los asistentes. Todo eso ya en la sala de entrada, que podía anunciar cualquier cosa menos indiferencia.

París desde Garnier, de José Manuel Ballester

“París desde Garnier”, de José Manuel Ballester

No recuerdo si primero me dejé conquistar por el espacio y después por las imágenes o a la inversa. A pesar de la respiración espectral que causaba el patio inicial (donde una “Última cena” sin comensales saluda desde su inmensidad), los visitantes se empleaban a fondo en el inmediato mural y acto seguido diversificaban su camino por los múltiples pasillos. Mi reacción fue más gradual. El deseo de investigar los techos intransigentes, las paredes carcomidas por los excesos del tiempo, o la procedencia de carteles como “Control de calidad. Laboratorio de humedad” me distraía de la expedición. Pero, los Bosques de luz –título que lleva la retrospectiva compuesta por más de medio centenar de imágenes de gran formato– enseguida comenzaron a salpicar sus imágenes sugerentes. Geometrías industriales, paisajes urbanos, ausencias relajantes que, paradójicamente, provocan escenarios repletos de información. Imágenes como la de “Central Solar”, con esa amalgama de tubos que podría simular un parque de atracciones tecnológico, o “Museo Arqueológico Nacional”, donde la luz cobra vida y aparece por un resquicio para casi, casi recitar poesía.

Museo Arqueológico Nacional

“Museo Arqueológico Nacional”, de José Manuel Ballester

Y da igual que la fotografía parezca pintura o que la pintura parezca fotografía, lo artificial o lo natural. Si la fotografía digital se dejó ver en el escenario de las posibilidades del retoque habrá que acariciarla y liberarla de los prejuicios. Ballester logra acunar un espacio abandonado, marginal… Consigue extender la mirada, lanzar un ángulo vertiginoso en “París desde Garnier”, o desfilar el silencio por el “Anochecer en el río Li”…

Pero lejos de ponerle fin a la noche en aquel bar con aquella conversación de paisajes urbanos, ruinas, tiempo, luz… recordé que la visita a la antigua tabacalera se proyectó hacia otro espacio no menos interesante, el Mercado de San Fernando. La hora exacta del aperitivo y el hambre permanente de libros se dieron cita en la misma fachada. La Casquería basculaba sus kilos de literatura a la espera de marcar los 100grs 1 euro.

Entre carteles de centros de alas e higaditos asoman títulos de segunda mano que han permitido reconducir el negocio de este antiguo puesto. Era el primero de los establecimientos con el que nos encontramos en este auténtico mercado de abastos en el barrio de Lavapiés, pero desde ahí, no dudamos en localizar “Lo mejor de mi tierra”, local de productos extremeños y gallegos en los que dos copas de vino acompañaron una auténtica tapa de migas.

Anochecer en el río Li, de Jose Manuel Ballester

“Anochecer en el río Li”, de José Manuel Ballester

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”… le dijo La Maga a Ballester…

José Manuel Ballester, BOSQUES DE LUZ

7 de febrero/28 de abril

Tabacalera, C/Embajadores 51

Mila Valcárcel

Written by Ábrete, Sésamo

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