Las actrices de “Desnudas” conversan con Ábrete Sésamo

Las actrices de “Desnudas” conversan con Ábrete Sésamo

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Rosalinda Galán, Karmen Garay y Begoña Mencía nos abren las puertas a la historia escondida entre las bambalinas de “Desnudas”, una obra de gran belleza visual, y un texto que remueve tu ánimo.

desnudasEmpieza la función. La luz tenue nos previene de la complicidad y los secretos que van a comenzar a aflorar de un momento a otro. Karmen, Rosalinda y Begoña comienzan a desmenuzar los dramas que cargan y superan sus personajes. Unos minutos después, el pecho al descubierto será la metáfora de lo que Desnudas va a regalarnos: tres historias bellísimas, arrancadas de lo más profundo de estas tres actrices que hoy tienen una conversación con nosotros.

Admiro, y siempre lo haré, esa capacidad de mostrarte ante un público juez, abrir en canal tus sentimientos y dejar que todos experimentemos con ellos. Es difícil desnudarse ante un desconocido, más si la capa de ropa cubre tu alma y no sólo tu cuerpo, pero ellas son profesionales, por eso no sufrían con esta vulnerabilidad tanto como lo hice yo desde mi asiento.

Las tres mujeres que pasean sus miedos y “pecados” por el suelo de La Puerta de al Lado son tres guerreras independientes, tres dramas que comparten una raíz: el amor errado. Aunque caminan por vías separadas, las tres son una única alma. Alberto Velasco, director de la obra, trabajó desde el primer momento sabiendo que aquellas historias compartían un núcleo, eran una misma. Karmen lo define de un modo que, como público, eres capaz de palpar en la función: “Somos un alma dividida en tres historias”. Alberto, que no pudo estar en nuestra cita con las actrices, da forma a Desnudas con ejercicios de grupo. Como ellas dicen, “Juegas un papel en el personaje de tu compañera, empatizando, ayudándola a desarrollar su historia”, no pueden desvincularse de las lágrimas que va a provocar su socia en escena. Mabel del Pozo, ayudante de dirección, las acompaña en el trabajo indiviual para pulir unos personajes tan complejos como lo es a veces la vida misma.

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Para que una historia funcione, tiene que haber una química inexplicable que te ate a su devenir. Estoy segura de que es lo que sintió Alberto Velasco cuando las actrices quedaron con él en una cafetería y le tendieron las líneas que habían escrito. Ellas eran las muejres de Desnudas y le querían como director. No podía ser otro. Y no lo fue, porque se enamoró de esas historias, como yo al escucharlas.

Que supo entender y transmitir la sensibilidad que ellas buscaban, no cabe duda. El director transformó tres dramones – como ellas mismas definen su borrador de la obra- en una lección de vida, con instantes para la sonrisa, que te guía desde la tristeza a un final con mensaje positivo.

Quien escriba sabrá de primera mano que es inevitable impregnar a tus personajes con tus miedos personales, dotarles de un modo más o menos sutil de tus filias y fobias. Así ha sucedido con las amazonas que sobreviven en Desnudas, que llevan el eco de historias que sus autoras han escuchado, sentido, visto.

desnudasLa letra de las canciones, como si de un narrador se tratara, sirve de bálsamo o detotante de las sensaciones que brotan en la obra. Rosalinda Galán es la responsable de poner voz y letra a la melodía que compuso el primer músico de la obra, Federico Marini. Ahora, Eduardo del Val, que se unió a nuestra charla, es quien aporta su toque personal a la banda sonora de cada función, adaptando algunas notas a las emociones que le sugieren la actuación de las chicas.

Para suavizar un poco el ambiente tan intenso en torno al que giraba nuestra conversación, a falta de chistes, las actrices nos revelaron una curiosidad acerca de otro de los elementos imprescinbles y vitales de la obra: Cada lámpara tiene su nombre, han ido surgiendo en los ensayos. Por ejemplo, hay una que se llama Orgasmo y otra que se llama Miami. Depende del lugar al que viajemos o del sentimiento que hablemos cuando utilizamos esa luz”.

El drama es tangible en Desnudas, y a pesar de ser desterrado por el sentido final de la obra, yo me marché del teatro con ganas de llorar, con la cara salada, y dando vueltas a varias perlas pronunciadas. Ellas se enfrentan a estas emociones  tres días a la semana. Era necesario preguntar cómo conseguían volver tan rápido a la realidad que dejaban fuera del escenario. “Desnudas te deja agotada la energía. En los aplausos me siento como un autómata”, asume Karmen; pero sus compañeras se reactivan con mayor rapidez y reconocen que lo mejor para superar una función más es compartir unas cervezas después.

La sala que acoge Desnudas no tiene espacio para más de 15 personas, es lo que más adoro de estas obras, y lo que más aprecian los actores que se reúnen con el público en estos pequeños escenarios. ¿Qué es lo más bonito de esta obra? Begoña no duda un segundo: “Tienes a la gente tan cerca, que cuando salimos nos dan las gracias. Y yo se las doy a ellos porque nos llevan a mil lugares con sus miradas. Cuando se emocionan o cuando ríen, nos aportan cosas preciosas y hacen cada función diferente. Dependiendo de la sensibilidad del público te vas a un lugar u otro. No sabes qué va a pasar”. Rosalinda, a su lado, asiente: “Lo más bonito es la gente que te mira y la que no te mira. Quienes te mantienen la mirada o te la quitan para ayudarte. La generosidad y su forma de empatizar. Karmen coincide con ellas lo mejor y lo peor es el público, porque también tienes cerca al que bosteza, aunque han sido los menos casos”.

desnudas entrevistaDesnudas es una historia que habla de cómo vencer tus miedos, de cómo seguir adelante. Lloras, si. Ríes, también. Pero el mensaje que se queda latiendo en tu cabeza, es el que destacan ellas en nuestra entrevista. Para Karmen Garay la enseñanza es clara: Muchas veces nos quedamos viviendo en el pasado o vivimos el futuro, pero no disfrutamos del presente. Hay que vivir mucho más el momento de ahora”. Rosalinda destaca la visión más práctica del dolor que emana en la obra: “Todos tenemos miedos, inseguridades, a todos nos pasan cosas, pero la vida es una y tienes que aprender a canalizar lo malo que te pase y aprovecharlo como una experiencia”. Y por último Begoña, que no se olvida del núcleo de esta obra: “Habla del amor, de que no puedes buscar el amor en otra persona, tienes que buscarlo primero en ti. Quiérete a ti mismo y no tengas miedo, porque el miedo te cierra muchas puertas y muchos sueños”.

El equipo de Desnudas, desde las maravillosas actrices que se sentaron con nosotros, hasta Eduardo del Val (con quien compartimos unos minutos), Mabel del Pozo, o Alberto Velasco, pueden estar más que orgullosos de su trabajo. Cada uno de los mensajes finales que estas tres mujeres subrayaron, consigue hacer mella. Y lo hace de un modo que te invita a pensar, a disfrutar de la empatía que vives con las actrices en esa hora que compartes con ellas, y a darte cuenta que los momentos difíciles de la vida son tan dramáticos como tu estés dispuesta a permitirlo.

 

Desnudas

Dirige: Alberto Velasco

Reparto: Rosalinda Galán, Karmen Garay y Begoña Mencía

La Puerta de al Lado. Domingos, lunes y miércoles.

Entradas

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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