‘Las heridas del viento’, en la sala off del Teatro Lara

‘Las heridas del viento’, en la sala off del Teatro Lara

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las heridas del viento ábrete, sésamo blogPaseo de noche, de camino al teatro, pensando en el título de la obra que voy a ver. Con tiempo de sobra salgo de casa porque sé que me voy a distraer en el camino, que me pararé a fotografiar cualquier detalle de la vida cotidiana, fijándome en posibles historias que escribir, sin pretensiones, tres o cuatro líneas que refuercen la fotografía. Hago cola para entrar, preferiría estar en alguna cafetería de la Corredera Baja de San Pablo, con ese barullo de sábado nocturno que te impide hablar como una persona normal, pero ahora hay obras que no se hacen en el teatro, sino en una sala off que está en los bajos fondos del teatro, y las butacas son sillas y no están numeradas. Entonces hago la cola y me fijo en las caras de los demás, muertos de frío, y me pregunto si ellos piensan en el título de la obra, Las heridas del viento, y si como yo, tienen esa especie de intuición que me asalta cuando sé que me va a gustar lo que voy a ver.

En medio del escenario hay dos sillas y cuatro focos. Aún tengo las manos frías pero enseguida entro en calor. La gente murmulla. Se apagan las luces. Silencio.

Los pasos de dos actores rompen el silencio de la sala. Al llegar al centro arrastran cuidadosamente las dos sillas hasta colocarlas entre las del público. Se sientan como si ellos también fueran espectadores, como si hubieran llegado tarde a la función, como si los actores y nosotros fuéramos iguales. David (Daniel Mueriel) es el primero en levantarse. Su voz suena firme, con la contundencia de quien quiere confesar un secreto. La muerte de su padre le obliga a hacerse cargo de su legado. Entre sus pertenencias encuentra algo inesperado: las cartas de amor de otro hombre. El personaje del remitente de las cartas lo interpreta una mujer, Kiti Manver.

'Las heridas del viento': Últimas funciones, improrrogable: viernes, sábados y domingos de enero.

‘Las heridas del viento’: Últimas funciones, improrrogable: viernes, sábados y domingos de enero.

Y da igual el género del protagonista. La interpretación de Kiti Manver es maravillosa. Con una elocuencia rotunda, su transformación me conmueve tanto que me cuesta expresar mis emociones al lado de tanta gente. No me muevo del asiento. La proximidad de la sala me acerca a ella y puedo escuchar su respiración, veo sus lágrimas que brillan más bajo los focos que ellos mismos encienden y apagan. Y hay que aplaudir también a Daniel Muriel, porque no es fácil tener a una actriz así a su lado.
Dan ganas de memorizar el texto de Juan Carlos Rubio, de guardarlo en la mesita de noche para recurrir a él como un libro de consejos antes de dormir. Cuanto más intento recordar las frases que más me han emocionado, cuanto más me alejo de la puerta del teatro al terminar la función, más crece mi inquietud de seguir rebuscando en los temas que ahonda la obra: el miedo, la soledad, el amor. Sin embargo, mi estado de ánimo no ha sucumbido a la nostalgia, a las heridas del viento. Estaba feliz de tener tanta suerte y de pasear de noche con el título en mi cabeza.
Jerónimo Carmona Garzón
Written by Ábrete, Sésamo

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