“Las niñas no deberían jugar al fútbol”, del off a los Teatros del Canal

“Las niñas no deberían jugar al fútbol”, del off a los Teatros del Canal

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 Marta Buchacha escribe y dirige “Las niñas no deberían jugar al fútbol”, que después de conquistar al público y crítica desde La Trastienda se propone el mismo reto en los Teatros del Canal.

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Una sábana blanca, una sala de espera, un bidón de agua. Y no necesitamos más para situarnos, estamos en un hospital, esperando con los protagonistas alguna respuesta sobre el estado de salud de sus allegados.

Un hombre de cincuenta y seis años, una niña de doce y una mujer joven viajan en un coche rumbo a Sitges. En el camino sufren un grave accidente de tráfico, y a partir de este hecho “Las niñas no deberían jugar al fútbol” se convierte en un thriller cargado de preguntas. Ninguno sabe qué hacía su familiar junto a las otras personas que han corrido la misma mala suerte en la carretera o a dónde iban.

La trama que escribe y dirige Marta Buchacha está confeccionada con tal acierto que te lleva entre las preguntas sin forzar un instante la curiosidad, dejando que aflore y busques entre los tensos diálogos las piezas del puzzle que vas necesitando. Poco a poco, las dudas encajan unas con otras hasta componer un tapiz que resuelve el enigma. Brillante, el texto es brillante. Avanza con fuerza, sin prisas, con un ritmo acompasado, casi de canción, hablando de traiciones, secretos, incomunicación, carencias.

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“Las niñas no deberían jugar al fútbol” es la frase que Marta Calvó repite cuando le preguntan porqué no iba a ver los partidos de su hija, la pequeña que viajaba en el coche accidentado. La actriz se gana al púbico con saltos del drama a la ironía, del dolor silencioso al reproche. Nos reímos con su actitud, con la falta de tacto y sus preguntas insidiosas. Es el nervio de la función, un personaje escudado en una catarata de palabras. Katia Klein interpreta a una hija veinteañera que espera con paciencia noticias sobre su padre. De entre todos los que aguardan en la sala de la UCI, es quien muestra mayor sensatez, contención, humanidad. Su papel aporta cordura, parece la más transparente y a ella te enganchas para empezar a ver las cosas claras. Completando el acertado trio de actores, Daniel Gallardo viene cargado de interrogantes. Su novia no tiene la vida de la que le habló, tampoco sabe quienes son los compañeros que viajaban con ella, llega al hospital apestando alcohol y tiene un carácter excesivamente voluble.

Cada intérpete ha sabido dotar de matices su historia, convirtiendo el blanco espacio en un tablero donde cada uno cuenta con cartas diferentes, bien marcadas, con las que consiguen que el espectador juegue con ellos dentro de una una situación donde la incertidumbre, los prejuicios, las acusaciones, o los temores, provocarán dolorosas teorías.

“Las niñas no deberían jugar al fútbol” es una obra con un ritmo vertiginoso, que te mantiene pensando cada minuto, buscando en los gestos y conversaciones de los protagonistas una pista para llegar a un final que no esperas. Grandes actuaciones, una historia sólida y diferente, un espacio sobrio pero imprescindible. Pocos pero nada banales son los elementos que han conseguido que este trabajo, que pasó en diciembre por La Trastienda, se pueda convertir en uno de los éxitos del otoño madrileño, aviso.

Las niñas no deberían jugar al fútbol, de Marta Buchaca
Diseño de luz y escenografía: The Blue Stage Family
Sala Negra de los Teatros del Canal
Hasta el 1 de noviembre, de lunes a sábado. Mirad aquí los horarios.
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Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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