“Las plantas”, de Pablo Messiez : pena, sexo, amor y preguntas

“Las plantas”, de Pablo Messiez : pena, sexo, amor y preguntas

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Pablo Messiez escribe y dirige “Las plantas”, un montaje que Estefanía de los Santos clava en el espectador con una interpretación que invita a bailar entre la tristeza y la supervivencia emocional.

"las plantas messiez"Estefanía de los Santos nos recibe desnuda. Bueno, casi, porque lleva calcetines por encima de las rodillas. La verdad de este monólogo empieza en la piel, que no necesita nada sobre ella -apenas unos hilos- para expresar. Aquella mujer se levanta así, al descubierto, una mañana de verano, un domingo de resaca, y yo, también. Me gusta que empecemos hablando el mismo idioma.

Las plantas y el público compartimos razón de ser, somos una herramienta para combatir el silencio que engaña, el silencio en el que puedes dibujar una sonrisa y creerte que todo está bien, cierras los ojos, no se escucha nada, todo está perfecto.

Pena, sexo, amor, preguntas. Estos son los principales ingredientes que extraigo de la obra del director y dramaturgo Pablo Messiez, ante el que una vez más me rindo, porque aún está por llegar el día que salga indiferente de una de sus obras.

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Pena. La pena es distinta para cada uno. Puedes compartir razones, puedes compartir el germen de esa angustia, pero los matices sujetos a cada personalidad, te obligarán a usar ibuprofeno o paracetamol, según dónde se localice el dolor. Y así, mientras piensas en cuál es tu medicina adecuada, llega un nuevo zarandeo.

Los pistachos y el amor. Pablo Messiez es un genio capaz de provocar una sonrisa cuando más hunde el dedo en la yaga. Si no conoces los pistachos, no sabes reconocer su sabor entre la explosión azucarada del helado. Si no conoces el amor, ¿sabrías reconocerlo cuando lo sientes? Yo supongo que si te miras al espejo, y te ves la cara de tonta que flota a un palmo -mínimo- del suelo, sí.

La pena se puede mitigar con sexo. Es una verdad universal de la que aquí se habla con la sinceridad que le falta a algunas conversaciones sobre el tema. Para distraer a la pena hay que follar, que lo de hacer el amor es un sinsentido en este preciso instante y si la utilidad que le damos a los placeres carnales es la de cooperar con el olvido. Y según  me quedo colgada de la reflexión, llega una nueva embestida: los quitamanchas, los restos post-cópula, y la bondad de los tríos. Tremendos ambos, dramaturgo y actriz. Tremendos.

"las plantas pablo messiez"Quien haya pasado por Las plantas lo sabe: vamos a volar lejos con Nina Simone. Diosa de ébano con la melancolía pegada a cada letra que pronuncia. Estefanía toca el piano junto a ella, traduce, siente y vibra con esta negra rotunda, a quien nada puedes decir porque te lo dice todo, cuando canta, y cuando mueve las manos. Hubo un instante en que las dos mujeres se fusionaron en el escenario, con sus historias mezcladas, y fue bestial. I wish... Sí, Nina, I wish.

La actriz se convierte en confidente, en esa amiga que comparte tus ridículos métodos de supervivencia emocional, como las canciones quitapenas, que son las más tristes; porque de tristes que son, se convierten en la melodía más bonita, en el consuelo absurdo, en la excusa para gritar con la voz de otro. Entre la vergüenza y la diversión que me provoca reconocer que recurro a temas concretos para vaciar la nube negra por los ojos, os dejo mis canciones predilectas para este fin, por si alguien necesita ampliar repertorio, porque llorar cuando tú lo eliges está infravalorado y es muy saludable: Con las ganasde Zahara y Rosa y Manuel, de Andrés Suárez. No fallan. Y no, no me las voy a poner ahora, lo dejo para otro día con más nubarrones.

Las plantas escuchan silenciosas, testigos inmóviles de unas preguntas lanzadas al aire, ¿cuándo se va la pena? ¿Y a dónde? Asisten, desplegando un oportuno verde esperanza, a las promesas que vuelan en la despedida, a esa firme intención de seguir adelante, jugando con el cerca, el lejos, la verdad, la mentira, que forman parte del camino, y de la pena y de la alegría. Porque todas las emociones, desde la pena al miedo, se transforman, no permanecen inmutables, es una ley de la naturaleza.

Yo también le tengo respeto al silencio, y reconozco que me hablo en voz alta cuando la lana se enreda demasiado. Parece que al concederle sonido, se hace real, lo,puedes tocar, y ordenar, y patear, o abrazar, lo que sea que quieras hacer con tu pena, porque la pena es muy íntima. En Las Plantas, Estefanía de los Santos juega con la pena que le escribe Messiez y la carga de autenticidad. Hay verdad en el cuerpo, en la miradas que crucé con ella, en las pausas, en el tartamudeo meditativo de quien reflexiona sobre la marcha, en las lágrimas, el camisón, y en la regadera.

Las plantas, de Pablo Messiez

Teatro Lara, los viernes a las 20:15h

Entradas

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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  1. Pingback: LAS PLANTAS de Pablo Messiez en el Teatro Galileo | Madrid Es Teatro, cartelera y actualidad teatral de Madrid

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