Lulú, la perdición de la femme fatale

Lulú, la perdición de la femme fatale

2 votes

Maria Adánez interpreta a Lulú, un personaje que comparte letras con el título de la obra y que te empuja a pensar después de romperte los esquemas.

Lulú María AdanezSi pidiéramos que nos hablaran de un señorío feudal a las gentes que lo habitaron, seguramente la opinión sería muy diferente dependiendo de a quién preguntáramos. Y es que una historia puede tener distintos significados dependiendo de cómo se mire y de quién la cuente.

Es probable que la hija del cacique tenga un bucólico recuerdo de una bonita plantación donde perdió su virginidad debajo de un almendro con ñoños recuerdos y su repeinado amante con la raya al lado estilo “lametazo de vaca”. Esto contrastaría con el recuerdo de una violación legal y socialmente aceptada de una trabajadora o sirvienta que tuvo que sucumbir al abuso de un patrón que era clavado a Torbe.

La mayoría de las veces no se muestran las dos versiones de la historia, y basta escuchar esa primera versión sin contrastar para que esa partidista visión de la situación se convierta en realidad y nos dispongamos a condenar a alguien o algo sin juicio alguno.

La credibilidad casi siempre nos la da una buena puesta en escena o un personaje en una situación privilegiada. De esta manera, a lo largo de la historia se han quemado mujeres por brujas, lapidado por inexistentes infidelidades, se mató a Frankenstein e incluso se quemaron motos de sufridos proletarios en Lavapiés porque algún policía persiguió a alguien o no sé qué… vamos, como cuando el pueblo sale desbocado a apalear alguien en los Simpsons.

Esta obra te hace pensar en estas cosas, centrándose en religión y machismo, con una historia que no nos quedan tan lejos, ya que así andamos ahora por twitter y en el bar.

Obra Lulú
Luis Luque
construye un crudo, oscuro y rural universo, en muchos momentos asfixiante, apropiado para la historia que quiere contar. El entorno desprende Intensidad con la música, efectos de humo y sombras que están magistralmente montadas en la escenografía por  Mónica Boromello y dirigido por Luque. Esta ambientación contrasta con un vestuario que se acerca más al festival de música electrónica de Burning Man que a la ranciedad de los santos inocentes.

La obra comienza con un monólogo correcto del padre (Armando del Río) de una trágica obsesión justificada a través del amor y unos personajes de unos hijos (César Mateo y David Castillo) con poco protagonismo en el texto, pero que se les añade repercusión con unos recursos de ritmo y juegos en los diálogos.

LulúLulú (Maria Adanez) se nos presenta, además de medio desnuda, lo cual lanza un falso mensaje de erotismo en la obra, como una moderna Jezabel, símbolo de la idolatría, el erotismo y la inmoralidad sexual. Esa mujer diabólica y viciosa que con sus encantos embauca, engaña y destroza la vida de hombres rectos y familias unidas. De ahí la manera de interpretar su afrodito personaje, que aunque justificado llega a ser demasiado excesivo, casi robótico. Supongo que el autor consciente de eso, la resarce con un monólogo estilo Cinco horas con Mario en momentos posteriores.

El texto de Paco Bezerra utiliza con maestría las metáforas y la simbología; manzana, serpiente, huertos, el hacha etc. Además tiene el detalle de no meter paja o escenas irrelevantes como tantas veces pasa, lo cual es de agradecer. Le da tiempo en más de una hora a repartir palos al autoritarismo, machismo, misoginia y a la iglesia. Esta última representada por un integrista cura al estilo predicador “far west”, interpretado por Chema León, que nos dará, cuando menos, una curiosa visión del antiguo testamento, que dará pie a un buen giro de guion. Quizás el desmesurado vestuario hace que tardes un rato en darte cuenta que es un cura.

En esta obra todos los elementos se erigen en el mismo objetivo: que pienses sobre lo que te plantean. Y acaba convirtiéndose en un alegato feminista, que por los tiempos que corren no se sabe si es simplemente un buen momento para hablar de esto, o que por el momento que vivimos es en el que te dejan plantear estas cosas.

 

 

luisvillar

Written by Ábrete, Sésamo

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *