“Mador”, ¿dónde están los límites del amor?

“Mador”, ¿dónde están los límites del amor?

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María Torres protagoniza un dramático monólogo que se mece en un trabajo físico tan duro como la historia que lo sustenta

mador teatroMador transmite frío. Mucho. El ambiente está helado, aunque tu piel no sea consciente de este hecho. La oscuridad de la sala sólo da tregua a través de un vestido blanco, una tela rojo sangre, un cubo metálico y una escalera.

Las vías de un tren se proyectan en la última pared y una voz en off empieza a narrar. Un escalofrío recorre el cuerpo. Quizás fue culpa del frío, o quizás un subconsciente prevenido.

Mador nace a partir de una noticia que leyó el dramaturgo sobre el amor que pudo haber surgido entre una escultora y Juan Ramón Jiménez. Toda historia que se guarda en un cajón tiene su momento, y este era el suyo. Ahora, aquella vida que quedó registrada en una nota, se ha transformado en la de Irene, una artista que un día decide encerrarse en su estudio y concederle a su dolor un sentido “poético”. Con Irene viajamos a través de sus recuerdos, su pasión, su carne, o sus deseos más íntimos. Conocemos a Mador y descubrimos en quién la convirtió.

Maria Torres está sola en el escenario, nadie acompaña su aflicción. Ella pone cuerpo y alma a la historia de Mador bajo la atenta dirección de Felipe García Vélez, apoyado por Cinthia Navarro.

drama madorUsar las palabras cuerpo y alma para explicar su actuación no ha sido gratuito. El ejercicio físico que arrastra por la sala, delante de los espectadores, agota por contagio. El alma no se queda relegada, porque si no vierte algo de su esencia en el escenario, se quedaría vació, no habría nada capaz de llevarnos hasta Mador. María se baña en sudor y lágrimas durante la intensa función, y no es la única.

Alguien rompe a llorar unas filas detrás de mi. No puede evitarlo. Encoge su incapacidad para aguantar la pena, para deshacer el nudo de la garganta en silencio. Yo no entiendo las razones de Irene, tampoco concibo una historia como la que provoca Mador, y me cuesta asimilar una entrega tan gratuita como la que aquí se contempla; pero no hace falta, no hay nada que razonar, no hay margen para la cabeza. A Mador se va a sentirse pequeño, a dejar que el ánimo titubee, a sentir el frío.

Se apagan las luces, la música cede espacio al silencio habitual y no se escuchan comentarios tras la obra. Ahora toca recuperar el ritmo, es momento de empezar a asimilar. Si puedes.

Mador

Sala La Usina

ENTRADAS

Iduna Ruiz de Martín

@IdunaRuSol

Written by Ábrete, Sésamo

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