Más días felices

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El Día Mundial del Teatro no es necesario.

Los que hacemos teatro no necesitamos que exista ningún día mundial, porque todos los días son días del teatro. Días nacionales, días provinciales, días locales del teatro. Días personales del teatro.

Los que acudimos al teatro no necesitamos un día concreto en el que se nos empuje a asistir a salas. Aunque las pancartas que decoran la ciudad nos insten a acudir a las salas. Las programaciones interminables nos seduzcan para ir a los teatros. La oferta inconmensurable nos sacuda para que salgamos de casa. Y todo eso nos satura. Nos ciega con sus luces de neón. Con su espejismo. Hasta el punto de que muchos de nosotros decidimos que ese día no iremos al teatro. Que acudiremos cuando queramos, cualquier otra noche. Que las ciudades están llenas de ofertas culturales a diario, y que no vamos a degustar obras de cultura-rápida sino platos suculentos. Porque no necesitamos un día del teatro para sentarnos en una sala y dejar que se apaguen las luces y que surja la magia.
Quienes no van nunca al teatro tampoco necesitan un día mundial del teatro. Porque qué habrá que celebrar, dirán ellos.Y sin embargo, qué hermoso es el día del teatro. Las redes sociales plagadas de citas. El mensaje anual compartido por millones de personas. Las felicitaciones por whatsapp, los abrazos, los susurros, los guiños cómplices, las sonrisas al pensar en este día. En nuestro día propio. En el día en que nos juntamos para celebrar. El día en que volvemos a ser uno. Volvemos a ser manada. Y, juntos, nos celebramos.
Celebramos la valentía de quien escribe de quien ilumina de quien construye de quien gestiona de quien viste de quien maquilla de quien ordena de quien programa de quien limpia de quien dirige de quien interpreta de quien vende entradas de quien acompaña a la butaca de quien se sienta en ella.Celebramos la alegría.
Porque, al final, de eso consiste todo este juego: de celebrar la alegría. La alegría de contar. De sentirnos vivos. De hacer sentir vivo al otro. De compartir un rato juntos. De mirarnos a los ojos de esa manera que la vida no suele permitirnos: dentro, más adentro. De respirar a la vez. A un lado y al otro de la escena. De hacer equipo. De sentirse acompañado. De que la piel se erice, las lágrimas no se contengan, las carcajadas salven días. De sabernos juntos. De sabernos aquí y ahora.

No es necesario un día mundial del teatro.
Pero qué hermoso es el Día Mundial del Teatro.

Written by Ábrete, Sésamo

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