Una conversación y un café con Nicolás Martinelli

Una conversación y un café con Nicolás Martinelli

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nicolás martinelli ábrete, sésamoMientras bajaba la Gran Vía pensaba en todos esos cafés que despiertan en las personas la necesidad de conversar. Son espacios mágicos donde los antiguos escritores y artistas se reunían entre cafés, vinos y la nebulosa del humo de los cigarros, para inspirar sus obras o bien debatir durante interminables horas de literatura, cultura y otros asuntos mundanos. Aquella tarde me había citado con un actor. Antes de llegar a Mür Café y dejar a mis espaldas la calle donde los musicales cobran vida al anochecer, me adentré en el barrio de Conde Duque en busca de cobijo, como si las sombras de los edificios me resguardaran de un sol primaveral que comenzaba a quemar. Aunque raramente se encuentra mesa, la primera planta estaba vacía porque habíamos quedado a una hora en que la ciudad aún mantiene la serenidad que precede a la noche. De esta manera, y casi sin darnos cuenta, el rincón british que se esconde en la plaza Cristino Martos, producía el eco de los espacios vacíos para intensificar cada palabra. El actor era Nicolás Martinelli.

La historia de Nicolás comienza en Argentina. Mucho antes de llegar a España, de convertirse en el Jean Valjean de la producción española de Los Miserables y de recorrer las ciudades de un país que aún resultaba extraño para él. Después de comenzar la carrera de Comunicación Audiovisual y dejar a un lado la pasión por la gastronomía, Nicolás renunció a sus estudios para dedicarse al mundo del teatro. Un mundo que a pesar de sus interrogantes, resultaba ser una de sus mayores pasiones. Después de interpretar musicales como Eva, el gran musical argentino o El fantasma de la Ópera, trabajar en televisión y dar clases de canto, llegó la oportunidad de renunciar a ese estilo de vida que también le hacía feliz para viajar a España y protagonizar el musical basado en la novela de Victor Hugo: Aunque estaba muy feliz con lo que había logrado en Argentina, tenía mucha incertidumbre mientras realizaba las audiciones de ‘Los Miserables’. Interpretar a Jean Valjean era un sueño y no podía renunciar a él. 

“Lo más importante de ‘Los Miserables’ no es ser el protagonista y convertirme en Jean Valjean, sino el aprendizaje”

El actor Nicolás Martinelli se cuela en nuestra sección 'Conversaciones'.

El actor Nicolás Martinelli se cuela en nuestra sección ‘Conversaciones’.

Nicolás y yo no nos limitábamos a basar nuestra conversación en Los Miserables. La música sonaba de fondo dando ritmo a cada confidencia, cada historia, cada viaje al pasado, y así conseguíamos mantener viva nuestras ganas de hablar entre sorbos de café y limonada de hierbabuena. Yo deseaba jugar con el tiempo y pasar de una época a otra para comprobar cómo había cambiado su vida. Nicolás relataba con gran entusiasmo sus experiencias dejando entrever un carácter tranquilo muy alejado del resto de actores. Desde pequeño sabía que quería dirigir, crear su propio negocio y poner su esencia a lo que hacía sin necesidad de interpretar una obra de teatro, o dirigir una película: Mis sueños son más simples de lo que en algún momento creí que eran o me hicieron creer.

Lo mejor de entrevistar a un actor es romper con la barrera que separa al espectador del escenario. Sobre todo, cuando despojas al personaje de la ficción teatral y examinas con sinceridad sus gestos; esa expresión tan auténtica que solo se entiende en las distancias cortas. Con la misma inquietud que un niño pequeño, fui comprobando cómo Nicolás ama su trabajo sin caer en los recursos artificiales de los actores que se distancian de la realidad. Él sabe muy bien donde está. Yo no pertenezco al mundillo de la comedia musical argentina y aquí en España tan solo me dedico a hacer algo que me entusiasma. 

“Está bien desear, pero no me gusta anhelar lo que todavía no ha llegado”

Nicolás no tiene prisas y tampoco cae en la trampa de la nostalgia. Sus metas no están en Broadway, ni en el West End de Londres, tan solo quiere disfrutar del trabajo que realiza sin el condicionante de los proyectos que vendrán. Está bien desear, pero no me gusta anhelar lo que todavía no ha llegado. Quizás esa actitud le brinde la oportunidad de disfrutar cada momento con mayor intensidad sin olvidar lo que está viviendo en el presente. Y además, lo deja claro con una frase que responde a su personalidad templada y coherente: Cuando te encuentras contigo mismo consigues ir hacia el lugar correcto.

nicolás martinelli ábrete, sésamo blogAún no sabe si las personas que confiaron en él pretendían que diera un aire nuevo a Jean Valjean, lo que sí tiene claro es que la conexión que existe entre el personaje y el actor es muy fuerte. Lo que me conecta con Jean Valjean es la humanidad. Alejado de esa imagen ruda, Nicolás ve a Jean Valjean como un personaje más humano. Cuando vi la película de Hugh Jackman, rompió con el Valjean que tenía en la cabeza y de esa manera conseguí aproximarme al que yo quería interpretar. Esa humanidad también se traduce a su vida real sin pretensiones de presumir y desde la convicción de las personas comprometidas: Me preocupa mucho el bienestar social, mis alrededores, las personas. Ahora me gustaría participar en un proyecto de embellecimiento para reconstruir el barrio donde vivía antes. En Argentina hay muchos lugares bellos, pero sino siembras la semilla no llegan a resurgir. 

“Creo en la conciencia social. Debemos ser generadores de algo”

Es curioso como las conversaciones pueden tomar caminos insospechados. Cuando no te riges por un listado de preguntas, llegas a conocer mejor a la persona que tienes al lado y descubres casualidades que dibujan un perfil más auténtico, de verdad. Es como si de pronto descubriera el verdadero sentido de la palabra, que más allá de cobrar valor cuando se lee, o se escribe, nos devuelve la alegría de celebrar el hecho de sentarse en un café, de que la suerte me hubiera llevado a conocer a la persona y no al actor. Y para que esa magia no pierda parte de su encanto, hay que contarlo, y escribirlo, para que lo sepa todo el mundo.

Jerónimo Carmona Garzón

Written by Ábrete, Sésamo

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