“No se puede mirar”, una bofetada de humor absurdo

“No se puede mirar”, una bofetada de humor absurdo

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Jesús Amate dirige la obra “No se puede mirar”, en la que el humor absurdo nos obliga a reírnos de situaciones cotidianas protagonizadas por personajes dignos de examen. Un viaje por las ironías de la vida desde la cueva del Off de La Latina.

no se puede mirarCuanto más te paras a observar cómo se comporta el ser humano -empezando por nosotros mismos- más necesario se vuelve el humor absurdo. Este adjetivo envuelve todo lo que nos rodea, somos ridículos, exagerados, tildamos cada acción con una ironía que a veces asusta, y somos tan contradictorios que el peligro de cortocircuito razón-emoción debería ser la causa de muerte más extendida entre la población.

Con el absurdo por bandera, la obra No se puede mirar, de la compañía Benamate, invita al público a mirarse en tres historias (El imbécil, Homologada y Limbo) y un monólogo (El conferenciante), todos con una invitación a la risa más necesaria, la que va dirigida a uno mismo, al individuo, el ese ser, en teoría, con inteligencia superior.

El orden de las historias no lo recuerdo con exactitud, es lo que tiene el paso del tiempo, que distorsiona las verdades, pero como aquí nos ha reunido precisamente eso, la distorsión- para bien- de la realidad, no hay problema con mi memoria distraída.

Uno de mis primeros recuerdos de aquella velada con el trabajo de la compañía Benamate, fue lo que disfruté con la actuación de Juan Carlos Alonso, quien nos enseña a hacer al amor con la mirada (y no, no estoy utilizando una metáfora). Su personaje es portador de un saber que revoluciona el arte amatorio, y el público queda prendado de semejante historia, porque dentro de la locura hay demasiada verdad, y sólo participando en el juego que supone este monólogo, eres capaz de llevarte algo aprendido a casa.

compañia benamate

El día que nosotros ocupamos una butaca del Off de La Latina, la actriz Luna Paredes sustituía a Marika Pérez en el divertido -y estresante- momento dedicado a la señorita Homologada, perfeccionista hasta límites enfermizos, paranoica y tan absurda que provoca la carcajada. La respuesta verbal y gestual de su compañero de escena, Alfonso Gómez, acentúa la comicidad de esta situación, que por muy delirante que resulte, estoy segura que a todos nos transportará a una persona, a un instante, en que si no perdimos los nervios, estuvimos a punto de hacerlo.  A veces te quedas con unas ganas de abofetear al personal…

La memoria me devuelve otro recuerdo, creo que pertenece a la primera escena que nos recibe en No se puede mirar, y es Diego Lescano salvando de una muerte elegida a una bella fémina. Disparatado el diálogo que tiene lugar entre la “auto-secuestrada” y su salvador, que por supuesto debe excusarse por arruinar un plan deliberado que acaba de arruinar.

No-se-puede-mirar-_-OFF-de-la-Latina-3-370x469La pieza final es Limbo, ganadora del Premio Talent de Teatro 2014. La conversación que mantienen los actores, su puesta en escena, cómo se mueven llevando de un lado para otro la mirada atónita del espectador, y el poso de cada frase pronunciada, bien se merecen ese galardón. La espera, esa acción que nos vuelve locos si no sabemos gestionarla, es el eje central de este brillante momento. Poco entiendo -a mi pesar- de la teoría del teatro del absurdo, pero en casa hemos bebido mucho cine clásico, y en esta historia hay un verdadero camarote de los Hermanos Marx, con un ritmo trepidante, que te obliga a incorporarte del asiento y seguir a cada personaje en su paradójica verborrea, apoyando, asintiendo, negando o convenciendo, igual que si estuvieras sentado con ellos en la parada del autobús.

Jesús Amate juega con el humor absurdo con una facilidad que le concede la normalidad que fuera del escenario jamás le otorgaríamos a semejantes escenas. Entras de lleno en cada historia, llegas a considerar a los personajes individuos lúcidos; y aplaudes, con ganas y de manera sincera, que alguien te haga reír de las imperfeciones y locuras a las que nos empuja nuestra contradicción innata.

No se puede mirar puede servir como receta contra el aturdimiento de la pura realidad, porque convierte la noche del viernes en un paréntesis donde desconectar el razonamiento lógico, activar la risa, y donde está permitido mofarse de nuestras manías y reflexionar mirando nuestras tendencias más surrealistas.

Yo lo he comprabado en recientes conversaciones con una amiga con bastante tendencia (natural) al absurdo, y es que, de las preguntas más inverosímiles, suelen salir ideas brillantes. Quien sabe si después de pasar por el Off de la Latina alguno debe agradecerle a la compañía Benamete un pensameinto revelador…

 

No se puede mirar, de la compañía Benamate

Domingos a las 20h en el OFF de La Latina

 Entradas

 

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

2 Comments

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