“¿A quién te llevarías a una isla desierta?”, se preguntan en Nave 73

“¿A quién te llevarías a una isla desierta?”, se preguntan en Nave 73

0 votes

Paco Anaya y Jota Linares -director de la obra- escriben el guión de “¿A quién te llevarías a una isla desierta?”, trabajo que nació como cortometraje y ahora vuelve a reunir al público en las butacas de un teatro.

poster_isla_webRedu“¿A quien te llevarías a una isla desierta?”. A ver quién es el valiente que responde a esta pregunta sin dudar. ¿Un amigo, o tu pareja? ¿Un compañero de siempre o alguien con menos tiempo en tu vida pero una conexión que en el momento de responder te resulta importante? ¿Un familiar, o esa persona especial? Como yo soy incapaz de responder sin que generar más dudas que conclusiones, fui a Nave 73 a ver si eran capaces de resolver esta cuestión que tarde o temprano siempre termina surgiendo en una velada entre amigos, y generando carcajadas y/o suspicacias.

La obra, que lleva por título la inquietante pregunta con que abro el artículo, supuso el primer trabajo como director de Jota Linares, que rodó un cortometraje en 2006 con una trama similar. En 2012, ¿A quién te llevarías a una isla desierta? saltó de la pantalla al escenario de Garaje Lumiere, su original casa teatrera. Ahora, dos años después, los conflictos que reúnen a Celeste, Eze, Marcos y Marta en el caluroso ático de un barrio madrileño, siguen vigentes, lanzando a los espectadores señales para que se auto-pregunten, y planteando caminos que o bien hemos tomado nosotros, o hemos visto que recorrian personas muy cercanas.

De la pieza original sobreviven en el elenco Maggie Civantos y María Hervás (que se turna el papel con Beatriz Arjona, nueva en el equipo, y a quien nosotros disfrutamos). En el sector masculino, Juan Blanco y Abel Zamora sustituyen a David Tortosa y Juan Caballero que estuvieron en el primer montaje.

¿A quién te llevarías a una isla desierta? nos sitúa frente a la última noche de cuatro viejos amigos en su piso compartido. El alcohol, la risas y un juego peligroso, harán que ese día, en el que pensaban celebrar el cumpleaños de uno de ellos, acabe convirtiéndose en una despedida amarga. De muchas cosas: de la complicidad ingenua, del silencio forzado, de los secretos detrás de las puertas, de la inmadurez propia de una época imprescindible.

496182799_640En mi opinión la obra está dividida en dos partes muy diferenciadas, y que además me hicieron sentir de un modo diferente. En primer lugar se plantea la relación que existe entre los cuatro jóvenes, conoces sus aspiraciones (o al menos a qué quieren dedicar sus próximos años), y con detalles banales llegas a la noche clave para su amistad, el día que todo el lodo bajo la alfombra empieza a rebosar y les ensucia a todos, porque comparten lazos que les atan entre sí. Hasta este momento, me cuesta entrar en aquel piso, sentarme y sentirme una compañera más, alguien que intuye y teme lo que está a punto de suceder. Maggie Civantos, que interpreta a una actriz con más sueños que realidades, fue la única que consiguió apretar el botón adecuado para que empezaran a brotar emociones, que me inquietara, que sonriera, que la comprendiera. ¿Quizás es porque compartimos pequeños matices vitales? Puede. Pero he empatizado con verdades tan dispares presentadas de maneras tan variopintas, que dudo que este fuera el problema. No sé porqué me sentí perdida, os lo digo de verdad.

Pero de pronto, mientras empezaba a preguntarme -en vano, ya os lo digo- el efecto que tendría en mi grupo de amigos poner sobre la mesa el interrogante “¿a quién te llevarías a una isla desierta?”, cambió el ritmo, la forma, y el sentido que hasta ese momento tenía para mi la función. LLegaron los monólogos, cada uno con una joya escondida, con un dardo certero que punzaba un recuerdo, una duda eterna, o un dilema actual. Los actores se acercaban a la grada donde estaba el público, rompían el frío espacio que antes se había instalado entre nosotros, y contaban, de cerca, qué había pasado todo este tiempo, qué vueltas habían dado sus vidas, y porqué.

07Beatriz Arjona estuvo espectacular. Quizás no supe valorar lo que guardaba dentro su Marta hasta que no lo puso ante mí en forma de cajita sellada. Allí estaba ella, un corazón roto, pero valiente y decidida. Una superviviente emocional. Junto a ella, Maggie Civantos, una vez más, fue la reina de la noche. Atolondrada pero realista, soñadora pero madura, la mezcla perfecta para perseguir un sueño resbaladizo y no morir en el intento.

Juan Blanco y Abel Zamora no me alcanzaron como hubiera deseado, aunque sus historias personales son determinantes para entender el juego que allí nos reúne. Me costó entender a sus personajes, no terminé de ver los sentimientos que les llevaban a actuar de un modo u otro, no comprendí sus razones, porque no las llegué a ver sobre la mesa en ningún momento.

A pesar de todo, del desequilibrio que en general noté en la obra, tengo que valorar, mucho, que  ¿A quién te llevarías a una isla desierta? te obliga a pensar. No en la obra, ni en lo que ha faltado, o en el poder de alguno de los monólogos; si no que da pie a preguntarte por tu propio camino, si eliges lo que quieres o lo que la circunstancias te empujan a elegir, si has vivido cómo querías, si vivirás lo que hoy sueñas. Es un texto con pequeños instantes que te provocan, por su vigencia, una sonrisa congelada, un saborcillo amargo. Salí de Nave 73 sin respuesta a la pregunta que da título a este trabajo, pero con ganas y miedo de pensar en mi situación actual y de hacer un ejercicio de imaginación con mi futuro como protagonista, cosa que evitó lo máximo posible, porque mi presente está en constante movimiento, y pensar más allá de tres semanas, hoy por hoy, es un suicido emocional .

 

¿A quién te llevarías a una isla desierta?

Nave 73

Viernes y sábados hasta el 3 de enero

Entradas

 

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *