Restaurante ‘Casa Perico’; cocina tradicional en la Calle Ballesta

Restaurante ‘Casa Perico’; cocina tradicional en la Calle Ballesta

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casa perico ábrete, sésamo blogMi madre hace el cocido como le enseñó su madre. Mi abuela. Se levanta pronto por la mañana para ir a la carnicería, recoge el pedido que dejó encargado el día anterior, vuelve a casa cargada de bolsas y coloca sobre la encimera los paquetes envueltos en forma de cucurucho. Antes de abrirlos enciende la radio, la coloca encima del frigorífico para que no se manche y la música llegue a todos los rincones de la casa. La cazuela es de barro, como las de antes, y cuando los garbanzos empiezan a hervir, el chuc chuc se mezcla con las canciones entrecortadas de la radio. El olor que inunda la casa ya es un recuerdo imborrable.

Así me imagino a doña Nines, que trabaja en Casa Perico desde los doce años, el restaurante que abrió su padre en la calle ballesta, como a mi madre y a mi abuela, refugiada en la cocina, con su delantal blanco como la nieve, entregada a esa elaboración primorosa que lleva realizando de la misma manera durante tantos años, enseñando las recetas de sus guisos a unas pocas personas de confianza para que el sabor perdure en el tiempo.

Doña Nines no recomienda, directamente te pone el plato en la mesa. Cuando entras a su casa te recibe entre el salón y la cocina, esa zona intermedia que todas las madres hacen suya para entrar y salir constantemente a sus anchas. Como ese día hacía frío, Vicente, el camarero, me puso unos chorizitos fritos para entrar en calor, acompañados de un buen trozo de pan, hermoso, como un tronco macizo de corteza crujiente. Nines me vio con cara de hambre, la misma que se me pone cada vez que llevo mucho rato paseando por la ciudad, y me dijo que tenía que probar su sopa de cocido, que así se me quitarían todos los males. ¡Vaya si se me quitaron! El regustillo de los chorizitos fritos fue desapareciendo con el cosquilleo de los fideos, las mejillas se me pusieron rojas, como los cuadros del mantel,  y sorbo a sorbo fui entrando en calor con ese caldo medicinal que contenía todos los sabores de una cocción a fuego lento.

El restaurante recomienda: Arroz a lo cutre, tortilla castiza, chulaponas de cordero, lechada de requesón y albondigos al-andalus. Calle Ballesta, 18.

El restaurante recomienda: Arroz a lo cutre, tortilla castiza, chulaponas de cordero, lechada de requesón y albondigos al-andalus. Calle Ballesta, 18.

El primer plato se podía considerar un aperitivo. Antes de empezar con el segundo, que aún no había llegado, pero que podía oler desde mi mesa, entraron dos chicos y una chica. Ya no estaba solo. Mi imaginación se derrumbó por un momento porque yo pensaba que estaba en casa, en una casa desconocida pero familiar, y que no estaba en un restaurante. Ellos se sentaron al fondo, y Vicente les atendió enseguida, con su cortesía auténtica y despojada de artificios. Nines apareció por sorpresa, con unas albóndigas a punto de salirse del plato, sumergidas en una salsa abundante, con piñones, aceitunas troceadas y cebolla. Las patatas fritas en otro plato, como si tuvieran una capa de pintura dorada por la fritura del aceite de oliva. Me lo comí todo y aún tenía hueco para el postre.

Prueba la lechada de requesón, me dijo Nines, te gustará como todo lo que te he puesto en la mesa. Me encantó. Ella posee la intuición que sólo tienen las mujeres sabías. Las que conservan el delantal blanco desde que entran a la cocina hasta que salen. Ella, como mi madre y mi abuela, son las encargadas de mantener vivos los recuerdos, de hacernos más felices con las cosas más sencillas, de cuidarnos para creer que todo irá bien.

  • Metro Gran Vía
  • Ballesta, 18 (ver mapa, cómo llegar)
  • 915 328 176
  • L-V, 13:30 a 16:30 y 20:30 a 23:30h. S, 13:30 a 16:30h

Jerónimo Carmona Garzón
@jerocgarzon

Written by Ábrete, Sésamo

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