Tardes de romanticismo en el “Café del jardín”

Tardes de romanticismo en el “Café del jardín”

1 vote
jardin del cafe

Jardín en el interior del Museo del Romanticismo.

Con el paso del tiempo voy construyéndome una base de datos de recuerdos. Algunos están en la sección de viajes; otros en la sección de memoria selectiva, y la mayoría, en los cafés de mi ciudad. Jamás habría llegado a esta conclusión, pero cada uno de esos lugares guardan mis mayores secretos. Aunque no quiera admitirlo, parte de lo que soy se ha quedado en esos encuentros pasajeros de media tarde, en las confidencias con amigos, en una primera cita, en las mañanas solitarias donde solo me atrevía a escribir o en las ilusiones frustradas de lo que pudo haber sido. De vez en cuando, echo la vista atrás y vuelvo a esos cafés, es la manera más sensata de controlar la nostalgia. Y algunos como yo, necesitaríamos una vacuna contra ella.

La primera vez que fui al café del jardín, en el Museo del Romanticismo, pensé en la posibilidad de los enamoramientos casuales. En realidad esta teoría es un engaño para todos nosotros. Creemos en la posibilidad de conocer a alguien en un café de una manera casual, pero en el fondo casi todos vamos con esa predisposición. Por lo tanto, el encuentro pasa a ser intencionado. Aquél día no tenía intenciones, sino expectativas. Me habían hablado maravillas de ese pequeño jardín en el interior del museo: un remanso de paz, un oasis en medio de la ciudad, un lugar para relajarse… Todos coincidían en lo mismo; el café del jardín es un lugar para desconectar de la ciudad. Para los que nos hemos criado en la ciudad y nos gusta el  barullo no sé si este tipo de afirmaciones nos atraen o nos alejan más de la recomendación. En mi caso, sentí la necesidad de volver cuando todavía no me había ido.

salon de te cafe del jardin

Salón de té decimonónico

Al llegar no sabes si estás en el presente o en el pasado. Perdí esa noción del tiempo que me hizo crear una historia en mi cabeza como si estuviera en el siglo XIX. Una propuesta tranquila que ofrece infinidad de posibilidades. Primero el salón de té decimonónico, que juega con la decoración del museo y con una estética vintage. Una zona agradable para los días de invierno. Pero lo mejor no está en el salón, sino fuera, en el jardín. En ciudades como Londres había conocido sitios parecidos pero no sabía que en Madrid podía encontrar lo mismo. Parece que no solo se ha parado el tiempo, además, también parece que la ciudad se ha parado: árboles de hoja perenne que se mantienen verdes durante todo el año, mesas de madera, piedras en la tierra, una fuente de época que rompe el silencio y un palacete del Siglo XVIII que rodea este tesoro de paz. En la carta, variedades de cafés y tes, pasteles caseros (croissantsmuffinscookies) y las excelentes tartas de la Mojigata para el desayuno o la merienda. Cervezas, vino y algo de picoteo (ensaladas, tostas, quiches) pensando en el mediodía. Y a precios sorprendentemente ajustados.

Al final los recuerdos se convierten en el reflejo de la ciudad. La mía es una ciudad de trajines emocionales y secretos inconfesables. Seguiré descubriendo lugares para poder contar historias y por mantener esa solida tradición de recurrir a la nostalgia.

  • 429378_10150696575146719_319208988_nEspecialidad: cafés y repostería
  • Precios: desayunos, de 2,5 a 5,5€ . Almuerzos, de 5 a 10€
  • Horario: M-S, de 09:30 a 18:30h (de mayo a octubre, hasta las 20:30). D, de 10 a 15h
  • Dirección: San Mateo, 13
  • Metro: Tribunal

Jerónimo Carmona Garzón

Written by Ábrete, Sésamo

0 Comments

  1. Marga

    Buena sugerencia, si señor, y estupenda descripción del lugar. Gracias por compartir el encanto de las cosas, sencillamente buenas. Lo anotaré como sitio de interés, para compartir una tarde cualquiera.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *