“Un hueco”, el velatorio entre pinceles de la compañía La Mirilla

“Un hueco”, el velatorio entre pinceles de la compañía La Mirilla

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La compañía La Mirilla presenta un texto costumbrista y reconocible en un espacio tan poco convencional como la escuela de pintura Laocoonte.

un hueco la mirillaFuente el Fresno, en Ciudad Real. Ese es el pueblo de mi madre, mi patio de recreo desde que nací hasta que un amor adolescente me unió a mi primer verano en Madrid, y las visitas fueron más intermitentes. Quiero dejar esto claro, porque desde que me senté en mi butaca de la escuela de pintura Laocoonte, hasta que salí de allí, yo veía en esos actores a mis amigos, sus historias, sus vidas.

Una vez hecha la aclaración, vamos al inicio de todo. Entramos en una escuela de pintura, y un piscolabis a base de aceitunas, palomitas y sandwich de chopped (¡muerte al chopped!) nos reciben. No tome nada, soy más de curiosear mientras todo el mundo se agolpa en grupos atascando la entrada; y así descubrí al cantante de jazz con la improvisación a medio dibujar, miradas perdidas en un inmenso mar azul celeste, unos ojos enormes que miraban curiosos, y caballetes dispersos, testigos de un acontecimiento poco habitual para ellos.

escuela laocoonteEntramos en la sala y todo está a oscuras. Una oscuridad forzada, porque Hugo necesita su tiempo para enfentarse a las caras de sus viejos amigos, a quienes dejó atrás al  marcharse a Madrid. Necesita resoplar sin luz acusatoria, para afrontar que Santiago ha muerto, y que curiosos, afectados, y hambrientos del pueblo, están allí reunidos para velar el cuerpo.

Junto a Lucas y Pablo, se esconde de las miradas y los comentarios en un almacén alejado de los llantos -sinceros o no- que arropan a su amigo. Con una camaradería contagiosa, los tres amigos comparten sus miedos y ridículos, sus frustraciones y sueños. Este reencuentro esconde algún silencio y muchos arañazos verbales, porque la confianza despega la lengua y los rencores disimulados.

Un hueco es una historia escrita por los argentinos Patricio Aramburu, Nahuel Cano, Alejandro Hener y Juan Pablo Gómez, y nació como creación colectiva que pretendía llevar el espectáculo teatral a espacios no convencionales, concretamente esta obra se estrenó en los vestuarios de un Club Social y Deportivo, y desde este rincón ha convencido a la crítica y público en Argentina. Ahora, la Compañía La Mirilla ha adaptado el texto para el público español, y pone ante nosotros una adaptación que me generó un sabor agridulce, porque reconocí los matices de los personajes, sé que el drama que se esconde entre el humor delirante, es real; y disfruté con esos tres amigos que tan pronto se tiran las sillas a la cabeza como se necesitan para seguir adelante.

Compañía-La-Mirilla-

Pablo Osuna dirige, con Rodrigo Adrados como ayudante de dirección, a José Gómez, Jesús Gago y Alejandro de Santos, tres actores que derrocharon naturalidad, y me encanta tener la duda si era guionizada o espontánea, porque para mi, lo importante es que eran tres colegas de toda la vida, que despertaron mi curiosidad, compasión, y hasta carcajadas, en una historia que nos pone ante una rutina con pinceladas desoladoras, mezcladas en una misma paleta con la esperanza y la resignación. Una combinación digna de observación, por lo menos.

un hueco la mirillaEn aquel almacén estábamos tan cerca de los actores, que podías olvidar por momentos que aquello era una función de teatro.  Desde mi posicion a veces perdía el rostro de quien hablaba. Como en una reunión. Otras les escuchábamos sin ver qué sucedía, imaginando a través de los ruidos. Como en la vida real. Ir al teatro y no ver la misma dinámica de siempre es algo positivo, las sorpresas y originalidad se agradecen, más cuando visitas tanto los escenarios.

Ahora que casi llego al punto final de la crítica, me río sola recordando una pregunta que le escucho hacer a mi abuela cuando llama a las amigas del pueblo, con las que se sale “al fresco”. Con una actitud de normalidad absoluta, como quien habla del tiempo, no termina la conversación sin pronunciar “¿Y no se ha muerto nadie?” Yo, si estoy cerca, le hago, entre risas, gestos pidiendo prudencia, y ella me responde quitándole hierro al asunto agitando la mano en el aire como barriendo la preocupación. Pues no sé si mi abuela estaba en el velatorio de Un hueco, pero hubiera pasado desapercibida, así que otro día la llevo, a que charle con las vecinas o pique unos sandwich y aceitunas.

Un Hueco, de la compañía La Mirilla

Sábados de mayo, y días 6, 13, 27 de junio en la Escuela Laocoonte (calle de la Luna, 20)

Entradas

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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