“Voces en el silencio”, el grito ahogado de Mahmud y Ayaz

“Voces en el silencio”, el grito ahogado de Mahmud y Ayaz

2 votes

La compañía Arte Factor nos enfrenta la silencio como cómplice del horror en la obra Voces en el silencio, nacida de una historia real, de un crimen no tan lejano.

Y se llamaban Mahmud y AyazSe llamaban Mahmud y Ayaz, y sólo tenían 17 años.

Esta frase irá tomando fuerza a lo largo de 80 minutos para trasladarnos a una noticia que nos dejó mudos. Por atroz, y porque pronto llegó otra a desbancarla. Porque los gritos suenan breves cuando la herida está lejos, y eso es algo que se denuncia, alto y claro, en Voces en el silencio.

Dos jóvenes con nombre y edad concretas protagonizan la verdad que Arte Factor presenta en el escenario. Dos vidas con el mismo final, con las mismas ansias de todo, y con el mismo poco tiempo para nada. Una historia compartida que se repite hoy en día ante un leve susurro mundial que en este trabajo, a través del teatro, es cuestionado, reprendido.

Carlos Jiménez adapta el poemario de José Manuel Lucía Megías Y se llamaban Mahmud y Ayaz, donde se rescata del olvido la historia de dos iraníes sin la mayoría de edad, que se colaron en nuestros salones, en nuestra rutina, a través de las noticias y un grito de alarma que duró poco, que ya no se escucha. Sus sueños se perdieron colgados de la grúa en la que se les ahorcó por ser homosexuales, por decidir amar sin esconderse a alguien de su mismo género en un país donde la religión extremista, mal entendida, politizada, lo mancha todo. Aquel drama sucedió en Irán, pero también en Sudán, Rusia, París, Madrid, tu calle, hay quien debe decidir entre ser libre, decidir amar cómo y a quien elige, o morir. Física o socialmente.

Voces en el silencio arte factor

El texto te obliga a sentirte mal, a reconocer tu parte de culpa en ese silencio colectivo de millones de seres humanos inmersos en nuestros propios dramas, dilemas, huidas. Reconozco que de no ser por Voces en el Silencio, no hubiera recordado esta tragedia, no hubiera vuelto a pensar en mi suerte, en la libertad con que pienso y actúo. Suena tan distante el lamento, que olvidas. Hasta que claman por un recuerdo, como aquí, con este texto.

Luna Paredes asume la dirección que inició Carlos Jiménez, matizando gestos, movimientos, y otorgándole a la función el ritmo que personalmente busco en un drama. La obra se mueve con un ritmo ágil dónde el tiempo para pensar empieza al levantarte de la butaca. Allí, en la oscuridad donde solo la historia habla, se sucede la poética del texto y el abrazo perseguido, ante decenas de rostros a veces avergonzados, a veces paralizados. Acompañando los movimientos y los versos dramatizados, en el escenario hay poco más que una sobria y paralizante soga. Inmóvil y apartada, no cesa de recordarnos que allí falta el aire, la capacidad de hablar, de decidir, de desear.

La difícil tarea de vestir el asfixiante burka, bajo el que se calla y te callan, correspondió a  Elisa Marinas, que tendió las vendas rojas a Daniel Miguelañez y Alfonso Gómez, con la garganta seca de gritar con la áspera cuerda al cuello.

“Son ellos los que están enfermos,
no lo olvides, mi amor, no lo olvides nunca.
Son ellos los que deben tomar pastillas,
los que deben ir a las clínicas
para limpiarse de cáncer sus cerebros.


Son ellos a los que el Estado debería pagar
para operarse sus miedos y traumas.
Son ellos los que deberían colgar
 su rencor en las grúas de la convivencia”.

Pero no. Fueron Mahmud y Ayaz, y sólo tenían 17 años.

Voces en el silencio (Y se llamaban Mahmud y Ayaz)

Sábados (20:30h) y domingos (19h) en Sala Biribó

ENTRADAS

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

1 Comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *