“Vooyeur (Sólo puedes mirar)”: el sexo como placer y condena

“Vooyeur (Sólo puedes mirar)”: el sexo como placer y condena

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Vooyeur (Sólo puedes mirar) es la puesta en escena del sexo como juego, como liberación, motor de pecados y condena placentera. Es una incitación sutil a dejarse llevar por la imaginación y el deseo carnal.

voyeur-cartelEsta crítica tengo que comenzarla en los instantes previos a sentarme en la butaca. En la entrada del teatro, un peculiar hombre captó mi atención y la de mi compañera de velada. Forzando las cejas en mil posiciones que variaban de seductoras a caricaturescas, se hizo cerca de media docena de selfies con el cartel de la función. Curioso, sin más.

Fila 5, butacas 1 y 3. La siguiente, correspondía al individuo que provocó nuestras miradas con interrogante. Nos fijamos más detenidamente, y empezaron las sospechas: este caballero engominado y pantalones a la altura de las axilas, era un actor. Completaban su vestuario unas pulseras plateadas de medio kilo en ambas muñecas, anillo de tamaño contundente con una piedra roja como si viniera de un besamanos, y colonia con aromilla Varon Dandy. Tremenda indumentaria no podía ser de otra manera que forzada y con una justificación escénica, o eso pensábamos… Pero no, a lo largo de la función, comprobamos que este individuo era el verdadero voyeur de la obra, lo más auténtico y realmente perturbador de la noche.

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Vamos a avanzar. El montaje, escrito por Patricia Jordá -nuestra actriz anfitriona- y dirigido por Luis Andrés, nos presenta a Lilith, la primera mujer de Adán. Ella abandonó sus rudeza, se reveló contra el soporífero y tosco sexo que aquel primer hombre le ofrecía, y ese dios que todo lo ve, la condenó al infierno. Allí, Lilith explotó su condena descubriendo tremendos placeres en las bifurcadas lenguas, manos, y ardiente pieles de los demonios. Su dios, al descubrir que como castigo, aquel destino no era efectivo, decidió arrebatar la miel de los labios de Lilith, y la desterró a la Tierra, donde sólo podría mirar, sin ser vista, a los hombres y mujeres que juegan y experimentan con el sexo.

Lilith susurra desde la invisibilidad las múltiples posibilidades que surgen si a la imaginación y a la creatividad se les deja protagonizar más a menudo nuestros encuentros íntimos. Un elenco a ratos realista, a ratos forzado, nos ponía frente a los ojos, opciones como inventar otros personajes para evadirse de una vida familiar, rescatar el sexo con viejos amigos, dar rienda suelta a la pasión entre compañeros de trabajo -ahora viene las cenas navideñas, no digo nada…-, o un trío como regalo de cumpleaños. Y a partir de aquí, es nuestro turno para crear, experimentar, jugar.

voyeur03La obra, en mi opinión, promete más de lo que ofrece. Las imágenes que acompañan a la difusión de este trabajo son mucho más rompedoras que el contenido; pero es un texto entretenido, una manera curiosa de empezar el viernes noche, de generar un debate acalorado -en todos los sentidos de la palabra-, y si alguno quiere aprovechar la ocasión, y decide darle alas a la imaginación, quizás lo que se genere al salir de la sala sea mucho más intenso e interesante que lo que allí se plantea y hayan sido las entradas mejor invertidas en mucho tiempo.

Vooyeur (Sólo puedes mirar) propone la idea de disfrutar de la sexualidad con creatividad, disfrutando de la parte de juego que contiene todo acto sexual. El sexo es divertido, el sexo es conocerse, desinhibirse, descubrir. Jamás renegaré de la parte emocional -que va conmigo aunque la quiera sacar de la cama a patadas- , pero estoy de acuerdo en que la imaginación y la diversión, no están reñidas con el placer ni con sentimientos más complejos. Que el sentir no sea sinónimo de dejar morir una relación en el aburrimiento sexual, conclusión de mi debate paralelo.

voyeur05Y retomamos al amigo del selfie, a quien hemos dejado sentado en la butaca de al lado. Nuestro compañero voyeur, móvil en mano, grababa todo, con especial interés en los pechos de las actrices y las escenas que recreaban sexo. Os juro que, entre risas desconcertadas, nos debatíamos entre llamarle la atención por ignorar sin disimulo la prohibición de grabar en la sala, o esperar con intranquila paciencia su participación en la obra. Repito, para nosotras era una actor en todo momento, no cabía otra explicación.

Cuando empezó a respirar con jadeos que eclipsaba con el murmullo del asiento al acomodarse, abrí los ojos y aguanté la risa. Si, era una actor seguro. Pero mi compañera, que le respiraba de cerca, mirada de reojo, confusa, más cuando descubrió que había caído en un sueño profundo en un momento incierto de la función.

Nuestro verdadero vooyeur, despertó con las risas de una de las últimas escenas, y abrió los ojos uniéndose a la algarabía del público. Aplaudimos, y yo me marché  con las ganas de preguntarle qué le había parecido todo lo grabado, y con qué había soñado mientras roncaba apacible. Si alguien puede confirmarme si era un actor, lo agradeceré. Si no, fuimos voyeur del voyeur, y otra vez el desconcierto ganó a mi curiosidad, a ver si en la próxima ocasión destierro a la vergüenza y me decido a preguntar.

 

Vooyeur (Sólo puedes mirar)

Pequeño Teatro Gran Vía, todos los viernes a las 22:30h.

Entradas

 

Iduna Ruiz de Martín 

Written by Ábrete, Sésamo

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