Yo no soy actriz

Yo no soy actriz

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No soy actriz, y no quiero serlo. Busco cursos de interpretación y leo sobre teatro porque quiero enriquecerme y entender mejor a los profesionales de quienes me nutro, y porque me gusta jugar a ser, mucho. Aclarado este punto, por el que me han preguntado varias veces en los últimos días, voy a ver si consigo explicar mi elección de vida.

No recuerdo cuando empezó el teatro a darle sentido a todo, pero esa sensación no vive conmigo desde siempre. No me considero teatrera de nacimiento, la culpa la tiene mi padre, que escribe teatro y dirigía mis actuaciones en el colegio, en casa supieron alimentar una curiosidad insaciable, y por suerte padezco de una grave empatía con las ilusiones que este arte despierta. Mucho después de aquellos días  en que yo saludaba al público llegó Secundario, responsable del cambio definitivo; y ahora, Teatro de Poniente, el barco en el que viajo.

"secundario teatro de poniente"Cada viernes me siento bajo las telas de un circo, asombrada como si fuera la primera vez que estoy envuelta en esos colores. Parpadeo al son de las bombillas intermitentes, que a todos preocupan y a mi me encanta ver tiritar. Reconozco la música, el camerino, y los pasos apresurados del artista a punto de llegar. La luz se vuelve clara, entra en escena y lo sé: estoy haciendo lo que quiero.

Secundario es una hora donde creo saberlo todo de mis compañeros. Es mi espacio de seguridad, fuera de el no entiendo mucho. A veces siento que vivo entre dos realidades, la del teatro y la que avanza fuera. Cuando se hace el silencio y el protagonista es Ginés, todos jugamos a ser alguien diferente. Una futura promesa de la Biología pone sonido y luces a la función; un rockero adorable graba cada instante e inmortaliza los momentos más bellos, y el artista que roba lágrimas y sonrisas a quienes le miran embelesados, duerme la siesta con gafas de sol y es incapaz de no sumergirse en un libro antes de que acabe el día.

Hace poco, Luna Paredes -una de esas maravillas que me ha regalado este camino- escribía un precioso artículo titulado “No hagas teatro”. Yo hago caso a esa negación tan rotunda, pero lo que no he seguido ha sido la sucesión de cosas que debería haber evitado en mi vida si quería prevenir el contagio. No soy actriz, ni voy a serlo, por eso reivindico con fuerza la no vocación, la posibilidad de llevar el teatro dentro sin necesidad de haber interpretado los versos de Shakespeare.
He decidido renunciar a la normalidad que se presupone a mi edad, abrazar la incertidumbre, imaginar teatros llenos de espectadores, patear carreteras secundarias y dar la mano a un verdadero cómico de la legua, peleando los mismos objetivos. Y lo hago sabiendo que nunca sentiré esa inmortalidad de la que habla Antonio Velasco en la función, la misma que termina cuando empiezan los aplausos, pero que a mi me palpita dentro cuando él pronuncia su recuerdo.

Estoy donde quiero, con quien quiero, y porque quiero. Y creedme que, por múltiples razones, no era la opción fácil ni se le parece. En la película Ameliè -que adoro sobre muchas cosas- dicen que “son malos tiempos para los soñadores”, hay minutos en que lo creo, pero durante horas lo discuto. Ahora me acuerdo de estas palabras y me pregunto: ¿quién decide cuando es un buen momento para soñar?

Quería irme de vacaciones a Budapest, y no puedo. También vivo un microsegundo de desesperación cuando escucho hablar a gente más pequeña de casas, coche, y un futuro perfilado (no se cuál de las tres palabras me es más ajena). Tengo que ahorrar para un festival gastro-cultural que organizo con unas compañeras, para cuando tenga que irme de gira con el equipo Poniente, y para dar forma de libro a mis palabras. Desde luegoel pensamiento práctico no es lo que me guía, pero me río, de verdad, contándolo, sabiendo que no podría ser de otra manera.

Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin esperar que Ítaca te enriquezca. Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino.

Mon Hermosa lo escribe para que Ginés, el juglar que protagoniza Secundario, nos lleve, en el susurro de las olas, hasta Kavafis. Creo que aunque no salga al escenario, mi Ítaca es muy parecida a la que ahí se menciona. Mirar atrás y ver que mereció la pena, que viví lo que quise, me enriquecí de conversaciones, de historias atadas a una butaca, de palabras prestadas, de la música que otros escuchan, de los libros que otros leen, de miradas cómplices y pasos sincronizados. Lo hago ahora, el mirar atrás, y veo como ha cambiado todo, al final resulta que no estoy parada; sólo navego por un mar de artistas, soñadores, titiriteros. Esta gente esta muy loca, pero me dan la vida.

Iduna Ruiz de Martín

Written by Ábrete, Sésamo

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